Más de cuarenta años han pasado desde que, de un día para otro, el pueblo granadino de Jun se revolucionó por el rodaje de una supuesta película que iba a cambiar la vida del pueblo y que nunca llegó a ocurrir. El culpable de todo esto fue un hombre con acento extranjero quien llegó en un descapotable y que dejó anonadados a todos los vecinos. Y ahí comenzó la locura del pueblo. Una historia de película que casi medio siglo después los juneros han querido sacar a la luz.
Concha Fernández y Conchi Medina, vecinas de Jun, recuerdan este episodio con una mezcla de humor, ternura e inocencia por cómo sus vecinos se desvivieron durante unos días por este supuesto director que prometió dar un salto a la fama a los juneros. Concha Fernández recuerda su llegada triunfal al pueblo «en un pedazo de descapotable rojo y con su melena rubia al viento, como si fuese Ken el novio de la Barbie».
Un descapotable rojo llegó al pueblo y causó sensación
Su primera parada fue el bar Higuera, el sitio donde se reunían los trabajadores de la famosa cerámica del pueblo para descansar y tomar una cerveza tras salir de su dura jornada laboral. Allí comenzó el plan de lo que podríamos llamar el Mr Marshall granadino. El padre de Conchi Medina, quien era el alguacil, recibió el encargo directo de llevar a este supuesto director de cine a todos «los puntos clave del pueblo» para preparar el terreno.
Peluquerías abiertas en domingo y castings
Jun comenzó a emocionarse con la idea de conseguir que su pueblo saltase a la fama, y quién sabe si alguno de sus vecinos también. Los juneros vieron una oportunidad de oro y por eso no quisieron desaprovecharlas. Las peluquerías tuvieron que abrir en domingo para que el director quedase prendado de las mujeres y pudieran salir en la película. Además, el rol de este timador fue mucho más lejos, pues les pedía que fuesen de mantilla para que encajase perfectamente en lo que pensaba rodar.
En el colegio de Conchi y Concha, se organizó también un casting . El estafador usó los pasillos de la escuela como pase de modelos para que las niñas desfilaran. Concha cuenta que ese día lloró como nunca, pues su madre no le permitió participar. Conchi sí participó pero tuvo que aguantar que sus compañeras le dijeran que tenía «enchufe» porque su padre era quien estaba guiando a el forastero por todo el pueblo.
El helicóptero que nunca aterrizó
Pero detrás de las cámaras no todo es lo que parece. Este director aprovechó el estatus que supuestamente tenía para comer gratis y pedir dinero a los vecinos, entre ellos al alguacil, que como cuenta su hija Conchi le dió dinero y además le tuvo de chófer «dando cochetazos para arriba y para abajo» de Jun.
Llegó el día D, cuando el director avisó de que el equipo de rodaje aterrizaría con todo el material por la noche en el campo de fútbol de Jun. El estafador parecía que lo había todo al milímetro, pues ese mismo día hubo una concentración de aviación militar en la base aérea de Armilla, y pasarían por encima del municipio.
Los juneros se reunieron en dicho descampado para recibir con los brazos abiertos al equipo de rodaje. El alguacil, desde un montículo, usó una linterna para señalar la pista de aterrizaje. Los helicópteros militares, lógicamente, pasaron de largo y no aterrizaron. Los vecinos, incrédulos, abandonaron la zona y ya intuyeron que ese director con melena rubia no era quien decía ser.
En este gran vacío que se causó tras el engaño, no hubo dramas. Concha y Conchi relatan que casi al momento «se olvidó la historia». Cada vecino volvió a su casa y la vida siguió su curso con total normalidad.
«Una prueba de bondad»
A pesar del engaño, que llegó a ser incluso económico en vecinos como el padre de Conchi, y de las promesas incumplidas del estafador, hoy en Jun no lo consideran esto una humillación. A distancia de las décadas, concluyen que aquella estafa fue, en realidad «una prueba de bondad» y una gran «experiencia de vida», en la que quedó demostrado que toda la gente de Jun fueron unas personas maravillosas.


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