Ana Mancera todavía no sale de su asombro. «Sigo un poco paradilla porque no me lo termino de creer», sonríe. Y no es para menos. Cuando le dieron los resultados de Selectividad, le habían puesto un 2,5 en el examen de Filosofía. Hasta sus amigas, con quienes estaba en Albufeira cuando salieron las calificaciones, bromeaban. «Se volvió la comidilla del viaje. ‘He sacado más nota’», reían. Ella ya estaba convencida de que todo era un error, pero tampoco podía imaginar que que en realidad tenía un 10 y que, con ello, llegaba al 14 en el global, la mejor nota de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en Andalucía.
Rondaban las cinco de la tarde del lunes cuando supo de la rectificación. «Estaba repasando un poco Historia para el Premio Extraordinario, que lo tuve ayer. Como me había examinado de Filosofía, precisamente, llevaba sin estudiar Historia más tiempo y dije ‘me lo voy a leer más tiempo’», recuerda la joven granadina, minutos antes de que su proeza académica fuera reconocida por la Universidad de Granada. Estudió en el IES Mariana Pineda, donde durante todo el Bachillerato fue llenando sus boletines de dieces. Pero ni siquiera este historial le permitía pensar que conseguiría la Selectividad perfecta.
«No me lo creo casi. Por mucho que te esfuerces y lleves mucho tiempo sacando buenas notas, sé que hay mucha gente más lista que yo. Otro examen u otro momento podría haber hecho que mucha gente que está aquí hubiera sacado mejores notas», se encoge la joven. Pero lo tangible, sea como fuere, es que la calificación más alta es la suya, aunque el chasco al principio fue grande. Porque se dieron a conocer las calificaciones de la PAU y en las suyas, había una desagradable sorpresa: un diez, otro diez, otro diez, un nueve en Química… Y un 2,5 en Filosofía.
«Estaba en Albufeira con mis amigas. Me llaman mis padres, porque yo no me podía meter, y me dicen ‘no sabemos lo que ha pasado, hay algo muy raro’», detalla. «Todos nos quedamos petrificados. mis amigas pensaban que me estaban gastando una broma», apunta. Pero no era una broma, sino un error que Ana no llegaba a comprender. «Yo salí del examen de Filosofía muy contenta. Fue del que más contenta salí, no porque fuera el que mejor me había salido, sino porque mi problema era el tiempo. Me lo habían dicho todos los profesores, yo me pasaba de tiempo. Cuando acabé dos minutos antes, suspiré. Salí saltando de alegría, porque encima habíamos acabado ya Lengua y Filosofía, que eran las que más miedo me daban, porque las letras son un poco más subjetivas y no tener las cosas tan controladas me pone más nerviosa», abunda.
Los saltos de alegría, la nota negativa y la corrección
La joven estaba «saltando literalmente» de alegría, hasta que se dio con un 2,5 en las narices. Pero ella siempre tuvo claro que algo estaba sucediendo. «Si fuese un 7,5 o algo así, me lo habría podido creer. Al ser algo más subjetivo, por mucho que yo pensara que me había salido bien, a lo mejor al corrector no le había gustado o algo así», expone. Aun así, como la nota le alcanzaba para entrar en su carrera preferida, se decidió a solicitar la revisión del examen. Y resultó que no tenía un 2,5, ni mucho menos. En realidad había sacado un diez que, junto con el resto de notas y el expediente de Bachillerato, completaba la PAU perfecta, 14 sobre 14.
«Yo estaba en el sofá y mi madre, en un sillón, que no podía ver la pantalla. Mi padre se metió a mirarlo y, de repente, saltó ya la nota. Mi padre se quedó serio; mi madre, una cara de ‘¿qué pone?’. Me dijo ‘corre, ven’. Yo me quedé en el sofá y me dijo ‘madre mía, Ana, un 14’», narra. Se quedó, admite, «un poco en shock» y su móvil empezó a echar humo. «Me ha hecho mucha ilusión ver toda la gente que me ha escrito. No he sido la típica empollona que la gente odia un poco», ríe.
No dejó de prepararse la prueba para el Premio Extraordinario, aunque ya de otra manera. En el horizonte, su gran sueño está cerca de cumplirse y tiene claro que lo hará en su ciudad. «Quiero estudiar aquí en Granada, Física», sostiene, aunque admite que las matemáticas estuvieron cerca de convencerla.
«Quiero hacer física desde chiquitilla, siempre me ha llamado la atención la ciencia. Sobre todo, por mi familia, porque tanto mi madre como mis abuelos y mi tío son matemáticos. Mi padre es ingeniero de caminos y ahora también está dando clases de matemáticas. Yo decía que quería ser profe de mates, lo tenía muy claro. Después, mi abuelo me habló del doble grado de Física y Matemáticas. Luego me informé y me dijeron que para lo que yo quería me iba a servir más hacer una sola carrera o hacer dos, pero por separado», ahonda en el proceso.
Se decantó por la Física, grado que el próximo curso acogerá a la estudiante más brillante de su generación en Andalucía. Lo que hará más adelante todavía no lo ha definido, aunque asegura que se decanta «por algo más de investigación». Tiene tiempo, toda una carrera en la que seguir cultivando su impoluto expediente.



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