Sergio López (Remscheid, Alemania, 1999) se sienta relajado bajo el toldo instalado en la pasarela de la Ciudad Deportiva. Pasan cinco minutos de las dos de la tarde y cae un sol de justicia. El lateral se prepara para atender a 101TV con una mueca amable cuando Rubén Alcaraz, que afronta otra entrevista, irrumpe en el improvisado set. «No ha sonreído así en todos los años que ha estado en Alemania», le increpa entre risas. Y él no lo niega. «Ha sido un lujo llegar aquí. Estoy muy contento por mi experiencia fuera y ya recalar por fin en un equipo español, en un Granada que me ha dado confianza desde el principio», resuelve.
Es un recién llegado, pero no ha necesitado adaptación, ni casi soltar las maletas, para adueñarse de la banda de Los Cármenes. Como si fuera un veterano, solo que con 27 años, aunque eso sí, a su espalda cuelga una mochila con una trayectoria curiosa cuando menos. Aterriza ahora en un Granada plagado de jóvenes, pero que ha logrado ilusionar de nuevo.
-La IA le puso frente a la Alhambra en el anuncio de su fichaje. ¿Ha podido conocerla ya?
-Todavía no, todavía no. Acabo de ser padre y el niño ocupa mucho tiempo ahora mismo, no nos da tiempo a mucho. Encima, con el calor que hace, de momento no hemos tenido opción de ir a la Alhambra, pero iremos seguro, que nos han dicho que es obligatorio.
-Granada no se parece mucho a su Remscheid natal, ni a la Salamanca en la que creció, ni a ninguna de las ciudades en las que ha vivido. ¿Cómo lleva la adaptación?
-Muy bien, muy bien. Al final, ya buscaba este calorcito, volver a España. He caído en una ciudad de la que me han dicho que me voy a enamorar. Tanto del club como de la ciudad. La verdad es que, por lo poco que he visto y he estado en el club, sí tengo la sensación de que se va a quedar un pedacito de Granada en mi corazón, aunque vuelva a Salamanca a vivir o vete tú a saber. Creo que Granada siempre va a estar en mi corazón.
-¿Y la paternidad?
-Bien, bien. Es duro -sonríe-, pero de momento, bien. El chaval se porta. Es verdad que hay alguna noche un poco más complicada. Mi mujer está muy pendiente. Yo también, pero hay momentos en los que ella hace más. Eso me ayuda un montón. Además, ella me lo dice, que tengo que descansar para entrenar bien y estar bien para el partido. Luego, cuando llego del entrenamiento, me quedo yo un poco más con el niño. Al final, es hacer un equipo y que los dos estemos bien y disfrutemos.
-Ahora le costará un poco más sacar hueco para jugar al pádel, ¿no?
-Sí -ríe-. De momento, desde que he llegado a España, no he jugado ni un día al pádel.
-En lo futbolístico, no parece haber necesitado mucho para aclimatarse. No hay quien le saque del once.
-Bueno, he tenido suerte y desgracia, por Pau (Casadesús), que tuvo esa lesión de varias semanas. Somos dos laterales y, si no está él, tengo que jugar yo. Es verdad que al principio me han salido buenos partidos y estamos en una buena dinámica. Ahora él ya está recuperado, vuelve la competencia. Ahora, a intentar no salir del once y entre los dos, hacernos mejores.
-¿Qué tal con Pacheta?
-Muy bien, muy bien. Desde el primer día, se le ve una persona cercana, un tío campechano, un buen entrenador. Habla mucho, le gusta estar cerca del equipo y del grupo. Creo que eso nos va a venir bien.
He caído en una ciudad y un club de los que me han dicho que me voy a enamorar
-Cualquiera que viera su trayectoria podría pensar que es ya todo un veterano.
-La verdad es que empezar allí en el Madrid te da mucho. Aprendes mucho en la cantera. Tuve la suerte también de ir de pretemporada con el primer equipo, de estar en dinámica de primer equipo dos años, que eso, quieras o no, te hace aprender. Luego, la experiencia fuera de España, por ciertos motivos, ha sido dura. Estar lejos de la familia, el clima, momentos de soledad… Estuve con mi mujer, pero es difícil, porque no tenemos amigos, no hablas el mismo idioma… Entonces, estás más condicionado. Pero de otra parte, en lo futbolístico creo que ayuda un montón. He cogido unas características de mi juego que me podían faltar. Allí me han hecho mejor jugador y persona.
-Sus primeras patadas las dio en Alemania, jugando con chicos mayores.
-Sí, sí, sí. Me vine a España con cuatro años, pero empecé con tres. La pelota casi era más grande que yo. Jugaba con niños de cinco y seis años. Tampoco me acuerdo mucho, es lo que me cuentan y lo que veo en vídeos que hacía mi madre. Luego es llegar a Salamanca y me puse a jugar al fútbol sala al principio, hasta que a los ocho años me ficha el Salamanca. A partir de ahí, empieza mi vida en el fútbol.
-De ahí, a animar en la grada del Helmántico al Salamanca.
-Sí, yo jugué ahí, en el Salamanca, y esos fines de semana en el Helmántico eran muy chulos. Ibas con la familia, los amigos del club. La verdad es que siempre he tenido el sueño de jugar en el Helmántico. En su día jugué, pero de visitante, que fuimos con el Madrid Castilla. Le deseo todo lo mejor al Salamanca, a ver si, poco a poco, va subiendo de nuevo.
-Tras su experiencia en el Real Madrid, pasó brevemente por el Valladolid, con el que debutó en Copa del Rey.
-Ese año me vino muy muy bien, porque tuve un entrenador en el Valladolid Promesas, que es Javi Baraja, que me dio mucha confianza. Me hizo mejor futbolista y mejor persona. De hecho, mantengo una buena relación con él, de amistad podría decir. Jugué todo, hice muy buen año. Fue el cambio de Segunda B a Primera RFEF y conseguimos el ascenso. Fue un año muy bueno. Es verdad que fue el año del Covid y no hubo afición, que eso se notaba, pero futbolísticamente y personalmente ha sido uno de los mejores años que he vivido.
-Después hizo las maletas para irse a Suiza, a un grande. ¿Qué se encontró allí?
-Me fui al equipo, para mí, más grande de Suiza, que es el Basilea. Años atrás estuvo jugando Champions y Europa League, es un equipo reconocido. Es un juego parecido al fútbol alemán también, diferente en ciertos aspectos. Sí es un poco lo que me esperaba, un fútbol más físico, de ida y vuelta. Juego bastante, no soy titular indiscutible, pero me sirven mucho esos dos años. Hubo un tercero, que estuve lesionado del cruzado y jugué dos partidos. Aprendí mucho en esa experiencia fuera de España. También compites en Conference League, que llegamos a semifinales. Jugar en Europa, ir a ciertos estadios, con ambiente, con afición, te nutre y te hace mejor jugador.
Los fines de semana en el Helmántico eran muy chulos (…). Siempre he tenido el sueño de jugar allí
-¿Ese fútbol más físico le ha ayudado a ser el futbolista que es ahora, con tanto recorrido, esa velocidad y esa potencia?
-Sí, tanto defensiva como ofensivamente, esa experiencia fuera de España me ha dado mucho. Yo siempre he sido más un jugador de querer el balón, de esa posesión reconocida en España que tiene la mayoría de equipos, pero ese fútbol me ha venido muy bien para seguir mejorando y formarme como futbolista, como el que soy ahora y el que seré en unos años, porque siempre se aprende.
-Marcó en su debut, con sus padres y su pareja en la grada.
-Fue el primer partido en el estadio y joder. Ganamos 6-1, creo. Metí el segundo gol. Fue un momento de felicidad máximo. Estaban mis padres y mi mujer. Creo que hermana no fue. Verles en la grada, con el primer gol y esa emoción… Tampoco meto muchos goles, entonces, hay que aprovechar los que marco -ríe-.
-Pudo competir en la Conference League. ¿Qué se lleva de aquella experiencia?
-El primer año llegamos a semifinales. Nos elimina la Fiorentina en el último minuto de la prórroga, que fue la final que juega con el Aston Villa, que la gana. Una auténtica locura. Con eso también te das cuenta de lo que es jugar cada tres días, que casi no te da tiempo ni a entrenar. Estás de viaje y es una experiencia que, gracias a Dios, pude vivir. Fue muy bonita.
-¿Qué tal Roger Federer?
-Es un tío muy normal. Me impresionó porque bajó al vestuario. Es muy fanático del Basilea. Es de allí y es fan de verdad. Baja al vestuario y un par de veces nos dijo unas palabras. Pero se le veía como nervioso. Yo decía ‘ostras, pero ¿cómo estás tú nervioso delante de nosotros? ¡Que has ganado no sé cuántos Grand Slams!’. Es un tío muy normal, tranquilo. Se le ve buena gente.
-Cuando vio que entraba en el vestuario, ¿qué pensó?
-¡Yo el primer día flipé! Dije ‘joder, pero ¿qué hace este aquí?’. Luego ya me explicaron que es que nació en Basilea y es fan del equipo. Te sacas una foto y poco más.
El primer día que Federer bajó al vestuario flipé. Dije ‹¿qué hace este tío aquí?›
-Luego regresa a Alemania. ¿Cómo es la segunda división alemana?
-Es dura, más física incluso que la suiza. Un ida y vuelta. Lo comentábamos a veces, ahora que ha venido Gimber, con jugadores de aquí: vemos partidos en España y en Alemania. A lo mejor hay tres partidos en Alemania y acaban 3-3, 4-3 y 5-2. Aquí, es más un 1-0, un 1-1, un 2-0, a veces un 3-0… También hay goleadas, pero hay muchos más goles allí. Creo que es por el estilo de juego, el control de balón que queremos tener aquí, el estar más organizados tácticamente… Allí es un poco más alocado.
-Allí es algo más abierto al ataque, ¿no?
-Allí, si te meten dos, dicen ‘te voy a meter tres’. Aquí es más fútbol control. A mí, sinceramente, me gusta más.
-¿Se quedó con la espina de no debutar en la Bundesliga?
-Sí, el curso pasado hicimos un muy buen año. Los últimos dos meses se nos complicaron un poco. Ganamos uno o dos partidos. Ahí se nos complicó ese ascenso. Tenía claro que quería volver a España. Una vez vino el Granada, habló con mi representante y conmigo, tenía claro que quería venir aquí. Creo que no me he equivocado.
-¿Qué le ha parecido el vestuario que ha encontrado en Granada?
-Según llego, veo que tanto el cuerpo técnico como los jugadores son muy familiares, que es un club muy familiar y desde primera hora te acoge rápido. También, por el idioma, es mucho más fácil la integración. El mismo día o los primeros dos días ya encuentras feeling con la gente, empiezas a tocar balón y todo va rodado.
-Los chaveas apuntan alto.
-Sí, no sé si cinco o seis ya han debutado con el primer equipo. Se les ve entrenando, que están fuertes, quieren demostrar. No están de pasada, sino que están para aportar y ayudar en lo que el equipo necesite. Se está viendo en los partidos que están dando un buen rendimiento.
No he mirado la clasificación ni una vez desde que estoy en el Granada. Voy día a día, intento entrenar bien, jugar bien y ganar todos los partidos
-Los veteranos también están encima.
–Ríe- La verdad es que tenemos muy buenos veteranos. Están Lizoain, el capi Rubén (Alcaraz), Geri (Gumbau), que son muy buena gente y muy buenos futbolistas. Es una mezcla que tenemos de gente veterana con jóvenes y los que estamos en el medio. Creo que nos va a hacer disfrutar de un año bonito. Vamos a intentar dar el máximo. A ver a dónde llegamos.
-¿Cuál es el objetivo?
-Nosotros tenemos un objetivo muy claro. El míster nos lo recalca cada día. Es el de trabajar cada entrenamiento, llegar a Leganés y ganar, y luego llegar a Andorra y ganar. Tenemos muy claro que el día a día es muy importante. Lo he vivido también fuera de aquí. Ponerte objetivos a largo plazo es un error. Lo importante es el ahora, disfrutar del momento, divertirte jugando al fútbol. Si haces eso, creo que te van a ir las cosas bien.
-La clasificación, entonces, ni mirarla.
-La clasificación ni la miramos. No la he mirado ni una vez desde que estoy aquí. Voy día a día, intento entrenar bien, jugar bien y ganar todos los partidos. Sé que no se puede, pero al menos, estar ahí, luchar. Creo que si nosotros luchamos, corremos, metemos el pie y estamos ahí, la afición, y así lo notamos, nos lo va a devolver con ese apoyo y ese cariño. Los resultados llegarán o no, pero ese trabajo que no falle.
Síguenos en redes





