Israel afronta este martes una de las jornadas electorales más trascendentales de los últimos años. Más de 7,3 millones de ciudadanos están llamados a elegir a los 120 diputados de la Knéset, el Parlamento nacional, en unos comicios que pueden decidir la continuidad de Benjamín Netanyahu al frente del Gobierno.
Son las primeras elecciones legislativas desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, un acontecimiento que transformó la política israelí y abrió una etapa de guerra, tensión regional y profundas divisiones internas.
La participación está siendo uno de los grandes protagonistas de la jornada. A las 16:00 horas locales, el 55,7 % del electorado ya había votado, el porcentaje más alto registrado a esa hora. El dato refleja la movilización de una sociedad consciente de que el resultado puede marcar el rumbo político y estratégico del país.
Netanyahu, ante el examen de las urnas
El principal pulso enfrenta al bloque del primer ministro, apoyado por formaciones de derecha, ultranacionalistas y ultraortodoxas, con una oposición encabezada por Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Ejército y líder del partido Yashar. La campaña ha estado marcada por las consecuencias de la guerra, las críticas por los fallos de seguridad del 7 de octubre y el debate sobre la dirección que debe tomar Israel en los próximos años.
Las encuestas dibujan un escenario incierto: ninguno de los dos bloques parece tener garantizada la mayoría absoluta. Y ahí reside una de las claves de estas elecciones. En Israel no basta con ser el partido más votado; para gobernar hacen falta apoyos suficientes en la Knéset, donde los 120 escaños se reparten mediante un sistema proporcional. La barrera electoral está fijada en el 3,25 % de los votos válidos.
La hora de la primera fotografía electoral
La atención se traslada ahora al cierre de los colegios. A las 22:00 horas en Israel, a las 21:00 en la España peninsular, terminará la votación y se esperan las primeras encuestas a pie de urna difundidas por las televisiones israelíes. Estos sondeos ofrecerán una primera estimación de la distribución de escaños, pero no serán resultados oficiales ni definitivos.
El escrutinio permitirá comprobar si las proyecciones se confirman y qué partidos pueden convertirse en decisivos para formar una mayoría.
Mucho más que un cambio de Gobierno
Lo que salga de las urnas tendrá consecuencias que van más allá de la política interna. El próximo Ejecutivo deberá afrontar las heridas abiertas por los ataques de Hamás, las consecuencias de la guerra y las tensiones regionales, además de la profunda división de la sociedad israelí.
La pregunta que sobrevuela esta jornada es si los votantes respaldarán la continuidad de Netanyahu o abrirán la puerta a una nueva etapa política. A las diez de la noche en Jerusalén comenzará a despejarse la incógnita. Pero, incluso entonces, la batalla por formar Gobierno podría prolongarse durante semanas.
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