La Unión Europea comienza a aplicar desde este miércoles, 12 de agosto, sus nuevas reglas sobre envases y residuos de envases que supondrán la desaparición directa de los sobre de kétchup, mayonesa, mostaza, azúcar y leche para el café en 2030. El objetivo es reducir la cantidad de residuos generados en el bloque y avanzar hacia un modelo basado en la reutilización y el reciclaje.
El nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases sustituye el sistema actual por unas normas comunes directamente aplicables en todos los Estados miembros. De esta forma, las empresas deberán cumplir los mismos requisitos independientemente del país de la Unión en el que comercialicen sus productos.
Entre las primeras medidas que entran en vigor se encuentran límites comunes a la presencia de PFAS, conocidos como ‘químicos eternos’, en los envases destinados a estar en contacto con alimentos. La medida responde a la preocupación por los posibles efectos de estas sustancias sobre la salud.
La normativa también armoniza conceptos como productor y fabricante e introduce nuevas obligaciones de información para mejorar la trazabilidad de los envases. Así, las autoridades podrán identificar al fabricante cuando detecten un producto que no cumple las normas europeas. Aunque la información no tendrá que aparecer necesariamente sobre el propio envase, se podrá incluir en documentos de entrega o envío (para no modificar inmediatamente los productos que ya están en el mercado).
El gran cambio llegará en 2030
El principal salto se producirá a partir de 2030. Desde entonces comenzarán a aplicarse requisitos para garantizar que los envases sean reciclables, además de objetivos de reutilización y nuevas exigencias sobre el contenido reciclado de determinados embalajes de plástico.
Uno de los ejemplos más destacados afecta a las botellas de plástico PET para bebidas, que deberán contener al menos un 30% de material reciclado en 2030. Además, los distribuidores de bebidas tendrán que alcanzar un objetivo de reutilización del 10% sobre el volumen de productos que comercializan. La desaparición de los envases de salsa, azúcar y leche es otro de los pasos de la UE hacía el camino del reciclaje.
La regulación también modificará progresivamente la información que reciben los consumidores a la hora de reciclar. Bruselas prevé establecer antes de final de año un sistema común de etiquetado que permita identificar de la misma forma en toda la Unión Europa dónde debe depositarse cada residuo.
La organización pretende así acabar con las diferencias entre países y facilitar que las empresas puedan comercializar los mismos envases en distintos mercados sin tener que adaptarlos a diferentes normativas nacionales.
La transición supondrá costes iniciales para las compañías, según la Comisión Europea. Aunque también defiende que la armonización permitirá reducirlos a largo plazo. Durante esta primera etapa, además, las autoridades nacionales deberán priorizar las advertencias y los plazos para corregir posibles incumplimientos antes de imponer sanciones o retirar productos del mercado.
Con estas nuevas reglas, la Unión Europea inicia así una transición hacia un sistema de envases más reciclable y reutilizable, con 2030 como fecha clave para buena parte de las nuevas exigencias.



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