Hace dos años comenzó llevando bebidas. Hoy prepara postres, atiende mesas y se mueve por el restaurante con la misma naturalidad que cualquier otro compañero. Su historia demuestra que la inclusión laboral también se construye detrás de una barra. Hay puertas que pesan más que otras. Para Salvi, hace dos años, cruzar la del Fosters Hollywood por primera vez suponía enfrentarse a un reto. Hoy, esa misma puerta forma parte de su rutina.
La historia comenzó cuando el restaurante decidió apostar por una incorporación diferente y contactó con la Asociación Apprende, dedicada, entre otras cosas, a facilitar la inclusión laboral de sus usuarios.
El objetivo era sencillo, aunque no siempre fácil: encontrar un puesto en el que Salvi pudiera desarrollar sus capacidades y crecer profesionalmente. Y así empezó todo. «Empezó en la barra llevando bebidas», explica Nazaret García, gerente actual del restaurante. «Salvi es uno más y desde el primer día demostró que iba a tener más responsabiliaddes en el trabajo».
De llevar bebidas a comandar mesas
Salvi fue aprendiendo paso a paso. Primero llegaron las bebidas; después, sacar platos. Más tarde, la elaboración de postres y la atención de algunas mesas. Este verano, incluso se ha convertido en uno de los encargados de los desayunos.
«Es el mejor haciendo lattes, lo hace muy bien», cuentan desde el equipo entre risas. Su evolución no ha sido únicamente una cuestión de tareas. También ha cambiado la manera en la que se desenvuelve en el trabajo. «Es una persona muy autosuficiente, está dispuesto siempre y hace cualquier tarea», explica García.
Y quizá ahí esté una de las claves de esta historia: en que Salvi ya no necesita que le expliquen quién puede ser dentro del equipo. Lo ha ido descubriendo trabajando.
El trabajo como herramienta de autonomía
Para la Asociación Apprende, su caso representa precisamente eso: una oportunidad para que una persona gane autonomía y confianza. Carolina Escobar, presidenta y trabajadora social de la asociación, recuerda con emoción aquel primer día. «Cuando lo vi bajar la escalera me emocioné», reconoce. No solo empezaba un nuevo trabajador. También comenzaba a hacerse realidad el esfuerzo de Salvi, de su familia, de la asociación y de la empresa.
Desde Apprende trabajan el acceso al empleo desde la preparación y el acompañamiento: «talleres de habilidades sociales, formación específica, preparación de entrevistas y apoyo durante la incorporación». Porque la inclusión, explican, no termina cuando alguien consigue un contrato. También consiste en acompañar hasta que ese trabajo se convierte en una rutina.
Una historia que continúa
Dos años después, Salvi sigue aprendiendo. Pero también enseñando algo a quienes comparten con él cada jornada: que cuando existe una oportunidad y se eliminan las barreras, el resultado puede ser mucho más sencillo de lo que parece. «Invitamos a cualquier empresa a que se adentre en esta aventura», aseguran desde el restaurante.
Y Salvi sigue entrando cada día por aquella puerta. Ya no como alguien que viene a demostrar que puede trabajar. Sino como alguien que, sencillamente, viene a trabajar.


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