A las siete de la mañana comienza el día del estudiante Juan Pérez Mérida—Álora, 25 de julio de 1949—. Antes de sentarse frente al ordenador para estudiar, algo que lleva a rajatabla, sale a caminar durante una hora y media o incluso dos por el Paseo Marítimo de Málaga, según relata en una entrevista concedida a 101TV.
Tras el paseo matutino, que no piensa perdonar, llegan los apuntes, los trabajos y, por la tarde, las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga, donde cursa el primer año de Historia del Arte. Tiene 77 años y ha vuelto a la universidad con un objetivo claro: terminar una nueva carrera.
Juan es, probablemente, uno de los alumnos de mayor edad de la facultad, aunque él afronta esa circunstancia con naturalidad y sentido del humor, algo que se observa en cada gesto con cada compañero de clase a los que le saca 60 años: «Estoy disfrutando. Por lo menos estoy activo, la mente se desarrolla y veo a la juventud», explica entre risas.
A pesar de lo extraordinario que suele ser ver a alguien de su edad en las aulas, no se trata de la primera vez que lo hace. Tras una larga trayectoria profesional, que incluyó 38 años como director de Unicaja en los municipios malagueños de Álora y Pizarra, además de una última etapa en Cártama, la jubilación abrió una nueva etapa en su vida. Y lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió recuperar una faceta que había dejado atrás muchos años antes: los estudios.
De Bellas Artes a Historia del Arte
Su primer gran reto, que sorprendió a sus familiares, llegó con Bellas Artes. Accedió a la carrera a través del curso de formación para mayores de 45 años y completó los cuatro años sin retrasos, siendo uno de los únicos alumnos en lograrlo. «Lo estuve disfrutando de lo lindo», recuerda sobre aquella etapa.
Después continuó formándose en la Escuela de Arte San Telmo, impulsado por su hijo, el artista Cristóbal Pérez, donde cursó dos años de dorado, plateado y policromado y otros dos de talla de madera. Incluso, dedicó un año al francés, aunque finalmente tuvo que abandonar esos estudios porque, reconoce, «memorizar se ha convertido en una tarea más exigente con el paso de los años».
Tras acumular varios años de formación, volvió a plantearse qué hacer con su tiempo, pues sentarse en un sofá a disfrutar de su jubilación no entraba en sus planes. La respuesta fue comenzar otra carrera. Y, por su vinculación con las artes, Historia del Arte apareció como la opción natural.
«La Historia del Arte es maravillosa», afirma. El entusiasmo, sin embargo, convive con una dificultad que no oculta: la memoria, algo que afronta con naturalidad, aunque no pone excusas. Tiene claro que ahora necesita más tiempo para retener los contenidos y que algunos temas requieren varias vueltas. Pero también sabe cómo enfrentarse a ello: «estudiar, repetir y seguir adelante», afirma.
Entre mitología, apuntes y vida universitaria
La rutina de Juan está perfectamente organizada. Tras su paseo matinal, dedica buena parte de la mañana al estudio y por la tarde se desplaza hasta la facultad en Metro. Una rituna que sigue cada jornada. Hay días en los que entra a las tres y media y otros en los que comienza a las cinco, prolongando las clases hasta las ocho de la tarde.
Entre las asignaturas se ha encontrado incluso con la mitología, un terreno completamente nuevo para él, tal y como afirma a 101TV. Ante la cantidad de nombres y personajes, la primera impresión fue de cierto desconcierto, pero rápidamente se puso manos a la obra. «En dos días me estoy zampando a todos los dioses», cuenta entre risas.
Diferencia de edad con sus compañeros
Su presencia en clase tampoco pasa inadvertida. La diferencia de edad con la inmensa parte de sus compañeros convierte su regreso a las aulas en una experiencia singular. Su familia, además, contempla con cierta sorpresa esta nueva aventura académica. Él, sin embargo, asegura que la está llevando «perfectamente» y que, por ahora, todo marcha bien.
El objetivo pasa por terminar la carrera en cuatro años, aunque no descarta «necesitar uno más». Eso supondría graduarse con 80 u 81 años. La cifra no parece preocuparle demasiado: «Si no es cuatro, cinco», resume entre risas.
El trabajo del campo, su otra gran pasión
Los fines de semana los reserva para otra de sus pasiones: el campo y su pueblo natal, Álora, al que adora y no duda de presumir en cada intervención. Allí vuelve a sus olivos, a podar y hacer las tareas que le permiten mantener el contacto con la naturaleza. Entre semana, en cambio, toca universidad, mientras que el descano lo deja para otros.
A sus 77 años, Juan Pérez Mérida continúa acumulando horas de estudio y nuevas experiencias. Su historia no habla tanto de empezar de nuevo como de no dejar de hacerlo nunca: «Siempre la mente tiene que estar desarrollada», sostiene. Y, mientras pueda, piensa seguir poniéndose a prueba.


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