Los problemas de acceso a la zona oeste de Málaga, concretamente a la del Polígono Guadalhorce y sus aledaños, es una realidad que conocen de primera mano muchos de los trabajadores del Málaga Nostrum. La falta de un servicio de transporte público, de hecho, ha desarrollado de manera orgánica un mecanismo de solidaridad para que aquellos compañeros que no llegan a tiempo al autobús se puedan enganchar a uno de los coches disponibles. El ‹BlaBlaNostrum› como salvavidas.
«Muchas de las veces, al cierre o en algún turno partido, nos pille cerca o no, tenemos que llevarlos a sus casas porque esto un polígono, con muy poca iluminación, y llevarlos hasta la parada del autobús no es recomendable. Lo que hacemos es acercarlos a sus casas porque es lo mejor que podemos hacer», relata Ale, encargado en ‹VIPS› y una de las víctimas de los horarios tardíos en la restauración.
Dani, de ‹Tienda Mulligan›, es otro de los promotores de esa ayuda a quienes solo pueden desplazarse al parque en autobús y no encuentra combinación cuando acaba su turno: «Aquí hace un año y medio el Ayuntamiento denegó poner basuras y veíamos a compañeras de cafetería, al terminar a las once o doce, y no podían coger la moto porque llevar la basura y eso es muy complicado. Y aún no han cambiado el horario del invierno a verano. Cuando haya que salir a las doce de la noche, básicamente uno de los compañeros va a tener que hacer de Uber…».
Laura, trabajadora de Parfois, lleva un año trabajando en la zona. Recientemente ha podido cambiar el transporte urbano por el coche, algo que le ha cambiado el panorama diario. «Cuando venía en autobús, me tenía que recoger un familiar o mi pareja porque a partir de las 22.30 no pasan autobuses, y es un rollo. Muchas veces me he tenido que coger un Uber o un Cabify, porque no hay opción. Sin la ayuda de familiares recogiéndome, me era imposible volver a casa», explica de su experiencia.
Con el cambio de horario, cuando haya que salir a las doce de la noche, uno de los compañeros va a tener que hacer de Uber…
Misma realidad que afrontan en ‹Des-montados›, como atestigua Antonio: «Los que trabajamos en la hostelería cerramos tarde y después de las 22.00 no hay autobús. Por ahí estamos teniendo bastantes problemas. Algunos se encuentran que no tienen cómo irse y algunos compañeros los tienen que llevar. O llamar a un Uber o un taxi, porque no tienen manera de poder irse».
Ya no solo se trata de hacer peripecias, también hay un componente de miedo, como describe Lucía (VIPS): «La mayoría de las veces tengo que engancharme a algún compañero que tenga vehículo, aunque le pille mal, al nivel de ir a Alhaurín de la Torre y acercarme a Teatinos porque es que realmente es peligroso. No hay nada bueno a esa hora por aquí y es bastante complicado, la verdad. Es muy agotador llegar a tu casa dos horas después, así que intentan hacernos el favor».
A partide de las 22.30 no pasan autobuses; sin la ayuda de familiares recogiéndome, me era imposible volver a casa…
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