Levantarse a las 4.30 horas de la madrugada en pleno verano para estudiar antes de entrar a operar a las ocho. Ese ha sido, durante meses, el precio que ha pagado el cirujano César Ramírez para conseguir algo que ningún otro profesional de la Unión Europea puede decir que tiene: siete diplomas europeos de especialidades quirúrgicas distintas, la última obtenida este mismo mes de septiembre de 2026.
En una entrevista con 101TV, Ramírez —cirujano general y digestivo con más de tres décadas de carrera— desgrana el esfuerzo que hay detrás de esta acreditación, y por qué, después de tanto tiempo, sigue «examinándose» como el primer día.
«No es titulitis, es una búsqueda de la excelencia»
La pregunta era inevitable: ¿para qué necesita un cirujano con 30 años de experiencia seguir acumulando diplomas? Ramírez no duda en la respuesta: «Es algo que hago más para los pacientes y para dar valor a lo que uno puede ofrecer, que más que nada por mí mismo». A su juicio, certificarse externamente es la única manera objetiva de demostrar el nivel profesional en un sistema —el español y europeo— que, a diferencia del modelo estadounidense, no obliga a revalidar credenciales cada pocos años.
El cirujano rechaza de plano que se trate de una simple colección de títulos: «Nunca [me ha gustado] utilizar, como están ahora los del Balón de Oro, ‘el mejor’, que son un absurdo en el fútbol y en la medicina, pero sí intentar hacerlo lo mejor posible».
Nunca utilizar, como están ahora los del Balón de Oro, ‘el mejor’, que son un absurdo en el fútbol y en la medicina, pero sí intentar hacerlo lo mejor posible
Y añade una reflexión sobre lo poco meritocrático que puede llegar a ser el sistema sanitario: «Depende de tu talento, pero también depende muchísimo de circunstancias políticas, de amistades (…) que la mayoría de veces son ajenas a tu talento y a tu capacidad». Ante ese escenario, sostiene, la acreditación externa —avalada por expertos independientes— es «la única manera» de posicionar objetivamente el nivel profesional.
La primera de sus siete acreditaciones la obtuvo en 2007, en cirugía oncológica, la especialidad en la que más ha centrado su carrera. Desde entonces, ha sumado una nueva cada pocos años hasta completar el séptimo diploma en 2026, diecinueve años después.
Dos días de examen, 150 preguntas y actores simulando pacientes
Lejos de ser un trámite, el proceso de acreditación europea es una prueba de resistencia física y mental. Antes de llegar al examen, el candidato debe aportar un extenso dossier: «Tienes que mandar un montón de papeles de gente que te avala (…) que dice que tú has cubierto determinado objetivo profesional en número de pacientes intervenidos, de experiencia de años atendidos, que has tenido publicaciones científicas»*.
Superado ese primer filtro, llega la parte más dura: dos jornadas completas de exámenes. «Un examen tipo test escrito de 150 ítems con multirrespuesta y, al día siguiente, diez exámenes orales en diez estaciones clínicas distintas, cada una con dos o tres examinadores, con actores simulando pacientes», explica Ramírez. Esas pruebas no solo evalúan conocimientos médicos, sino también la capacidad de comunicación, la ética y la manera de actuar en situaciones críticas.
Preparar ese examen le exigió una disciplina extrema: «Estaba por los meses de junio, julio, agosto, básicamente con más intensidad, levantándome todos los días a las 02:30, 05:00, para, antes de irme a trabajar a las 08:00, estudiar». Un sacrificio que, reconoce, contrasta con la mentalidad de las nuevas generaciones de médicos: «Cada vez se piensa, por parte también de la gente joven, más en la calidad de vida y en el tiempo libre y no tanto en el sacrificio profesional».
La lección que más le ha sorprendido: la ética por encima de todo
Aunque es cirujano general y digestivo, el examen le obligó a repasar disciplinas alejadas de su especialidad —cirugía cardíaca, vascular, pediátrica o conceptos básicos de urología—. Pero lo que más le impactó no fue lo técnico, sino lo humano: «Lo que más me ha sorprendido es el valor y la fuerza tremenda que en los países y en la cultura anglosajona (…) tienen todos los conceptos relacionados con la ética, la asistencia al paciente y el respeto a la voluntad del paciente como primer principio de la práctica quirúrgica».
Según relata, el propio examen pone a prueba esa capacidad con pacientes simulados que plantean objeciones a determinados tratamientos, obligando al candidato a demostrar que sabe respetar la autonomía del paciente incluso en situaciones límite.
Muchos pacientes te examinan a ti (…) se han estudiado lo que tú has hecho a lo largo de tu vida, te conocen a través de las redes sociales, conocen tu carrera
Para Ramírez, la acreditación no cambiará su día a día clínico —seguirá centrado en cirugía general y digestiva, endocrina cervical, obesidad y cáncer—, pero sí refuerza algo que considera clave en la medicina actual: la confianza del paciente.
«Muchos pacientes te examinan a ti, es decir, cuando vienen a verte se han estudiado lo que tú has hecho a lo largo de tu vida, te conocen a través de las redes sociales, conocen tu carrera, conocen tu currículum», apunta.
Por eso, sostiene, es importante que el paciente sepa que, igual que él es evaluado por quien lo atiende, «tus conocimientos al más alto nivel están acreditados por las más altas instancias, como son la Unión Europea de médicos especialistas».
De los quirófanos de última generación a los hospitales más rudimentarios de África
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista llega cuando Ramírez explica cómo compagina su actividad como cirujano de élite —opera en el Hospital Quirón Salud con «toda la tecnología posible»— con su trabajo en la Fundación Bisturí Solidario, con la que viaja tres veces al año a distintos puntos de África en condiciones completamente opuestas: «No está nunca en condiciones, que son las más básicas, con una camilla y una luz de quirófano».
Él mismo define esta doble vida profesional como «cirugía en las dos fronteras del mundo», un ejercicio que, lejos de suponer un choque, genera lo que llama un «círculo virtuoso»: «Para las dos cosas tienes que estar preparado y, sobre todo, con el compromiso ético de que a aquellos pacientes hay que ofrecerles también lo mejor, con los mismos resultados y con los mismos códigos éticos con los que me muevo aquí».
La exigencia, asegura, es la misma en ambos escenarios, e incluso mayor en el continente africano por la escasez de medios: «Es imperdonable éticamente que tus resultados en salud allí no sean los mismos que obtienes aquí, aunque tengan menos medios». Y añade una reflexión que atraviesa toda la conversación: operar en esas condiciones le hace, dice, «mejor profesional» y «mejor persona», algo que revierte directamente en su trabajo en España.
Una nueva campaña en Zimbabue y una cita solidaria el 25 de septiembre
La Fundación Bisturí Solidario, que Ramírez impulsa gracias al respaldo profesional que ha ido ganando a lo largo de su carrera, prepara ahora una nueva campaña de cooperación en Zimbabue, que se desarrollará entre el 23 de octubre y el 3 de noviembre en un hospital situado a un par de horas en coche de la capital. El objetivo: operar a más de 200 personas y donar dos mesas de quirófano y dos lámparas quirúrgicas, financiadas con la ayuda de la Fundación Unicaja y de Grupo Mundo, colaboradores habituales de la fundación.
Para recaudar fondos y reunir a toda la comunidad que se ha ido formando alrededor del proyecto, Bisturí Solidario celebra el próximo 25 de septiembre, a partir de las 18:00 horas, en los Baños del Carmen, su ya tradicional tardeo solidario, un formato que sustituyó a las antiguas cenas nocturnas precisamente para facilitar la asistencia: *»Este formato es más atractivo, permite acceder a mucha más gente y que la gente no tenga que estar… con cierta edad, esta noche nos cuesta cada vez más a todos», bromea el cirujano, invitando abiertamente a sumarse al evento.
«Lo que más me apasiona»: la parte humana de la medicina
La entrevista se cierra con una pregunta sobre qué sigue moviendo a un cirujano con tres décadas de carrera a seguir reinventándose. Su respuesta, sin rodeos: «La persona, la persona a la que opero, y ver la incidencia que tú puedes tener para bien». Ramírez describe la reacción de sus pacientes ante el apoyo recibido en el momento más vulnerable de sus vidas —especialmente en patologías oncológicas— como el motor real de su vocación: «La bondad del ser humano que percibo en el 99% de los pacientes que opero (…) es lo que más me impresiona, lo que más me apasiona».
Y es, asegura, exactamente lo mismo que encuentra en África: «Allí ellos lo que tienen que ofrecerte es eso, su agradecimiento y su humanidad, y al final es la misma. Todos nos comportamos igual ante la enfermedad, y los médicos tenemos que ser iguales ante todos los pacientes, sea el sitio que sea donde estén».
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