La Feria de Málaga es una de las citas más esperadas del verano, pero disfrutar de ella al máximo no siempre resulta accesible para todos los bolsillos. Con el coste de las consumiciones en las casetas, los precios de las atracciones y los desplazamientos de vuelta a casa, los jóvenes malagueños y visitantes se ven obligados a calcular cada movimiento para estirar su presupuesto y no terminar la semana en números rojos.
A pie del Real, los asistentes coinciden en que los precios generales resultan elevados para quienes no disponen de ingresos fijos, lo que convierte la planificación en una herramienta indispensable.
La brecha del gasto
El desembolso diario en el Cortijo de Torres varía de forma notable según la estrategia de cada uno. Mientras que algunos jóvenes fijan un límite estricto de entre 10 y 20 euros por jornada -eligiendo una sola consumición o cenando previamente en casa para reducir gastos, otros reconocen que no se ponen límites y pueden alcanzar fácilmente los 50, e incluso, 80 euros.
Para aquellos que asisten de forma continuada durante toda la semana, el gasto global acumulado puede llegar a situarse en torno a los 400 euros, una cifra que exige ahorrar de manera progresiva durante el resto del año para poder asumir el ocio de agosto.
Vestidos heredados y límites en los ‘cacharritos’
El impacto económico no se limitar a la bebida y la comida. Elementos tradicionales como los trajes también suponen un desembolso importante. Ante ello, alternativas como reutilizar vestidos de familiares, la compra de segunda mano o simplemente optar por la opción de solo el mantoncillo se hacen cada vez más habituales entre los jóvenes.
En lo relativo a la diversión en el recinto, las atracciones mecánicas son una de las primeras partidas en las que se recorta. El encarecimiento de los viajes lleva a muchos asistentes a prescindir de subir a los ‘cacharritos’ o a seleccionar muy pocas opciones para no desbordar el presupuesto asignado para la noche.
Estrategias de supervivencia para llegar al domingo
La gestión económica marca el ritmo de las fiestas para la juventud. Desde fijar techos de gasto por jornada hasta buscar alternativas de consumo compartido, los jóvenes malagueños demuestran ingenio y capacidad de adaptación para mantener viva la tradición y disfrutar del ambiente del Real sin comprometer su estabilidad financiera.


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