César Cadaval ha compartido en el programa cofrade de 101TV, ‘Al Cielo’, la anécdota del guantazo que le propinó el exfutbolista del Sevilla F.C., Iván Dragutinović en los vestuarios del equipo.
La historia se remonta a la época en la que jugador serbio formaba parte de la plantilla del Sevilla. César Cadaval, sevillista confeso y muy vinculado al club, acudía habitualmente a la ciudad deportiva porque compartía el mismo fisioterapeuta que trataba a la plantilla. En aquel momento se recuperaba de una lesión en el brazo a consecuencia de haberse caído en su caballo.
Allí coincidía con los jugadores y, como él mismo reconoce, tenía por costumbre gastarles bromas. No hacía distinciones: desde David Castedo hasta Luis Fabiano o Renato; prácticamente todos habían pasado alguna vez por el particular sentido del humor del componente de Los Morancos.
Uno de esos días coincidió con su compadre, Aitor Ocio. Cadaval, siguiendo exactamente la misma dinámica que había mantenido con el resto de jugadores, le lanzó un beso ‹amanerado› al futbolista acompañado del piropo, «¡Qué guapo eres miarma!».
‹La bofetá›
El humorista continuó con su rutina y se dirigió hacia la zona donde se encontraba el encargado de material del Sevilla, al que se refiere cariñosamente como Pichón. Estaba hablando con él sosegadamente cuando, de repente, sintió que alguien se acercaba por detrás. No tuvo tiempo ni de reaccionar.
Dragutinović había ido tras él. Cadaval recuerda que sintió las manos del futbolista por detrás y que, cuando quiso darse la vuelta, recibió el golpe. La bofetada lo hizo caer y terminó contra las botas que estaban allí almacenadas.
En medio de aquella confusión llegó a escuchar incluso a alguien que le recomendaba que cogiera un palo para defenderse. Pero Cadaval, lejos de tomarse la situación con dramatismo, volvió a responder con su particular sentido del humor. Si alguien le sugería que buscara un palo, él prefería una solución mucho más sencilla: coger un taxi y marcharse.
Las disculpas
Dragutinović tenía como representante a Vladimir Vujatović, con quien César Cadaval mantenía una relación de amistad. Vujatović conocía bien al humorista y también tenía relación con otros jugadores del Real Madrid, con los que Cadaval había compartido momentos y programas.
La conversación sirvió para aclarar lo sucedido. El representante le comunicó entonces que el futbolista quería llamarlo personalmente para pedirle disculpas, pero el integrante de los Morancos volvió a bromear con la anécdota, «Mejor que no me llame, ¡No vaya a ser que se enfade otra vez!».
El problema era que Dragutinović no hablaba español, por lo que la conversación entre ambos se desarrolló en inglés. El futbolista se disculpó por lo ocurrido y llegó a proponerle a Cadaval que se tomaran un café juntos.
La llamada sirvió para rebajar completamente la tensión. Cadaval decidió no darle más importancia al episodio y ambos quedaron en dejar atrás el enfrentamiento.
Sin embargo, todavía faltaba el momento en el que volverían a verse cara a cara.
El reencuentro
Pasó un tiempo hasta que ambos volvieron a coincidir. El escenario no podía ser más sevillista: la celebración de un título del Sevilla F.C. en el antiguo mosaico situado en el Gol Sur del Ramón Sánchez-Pizjuán.
Cadaval estaba participando en la celebración y tenía que encargarse de presentar a los futbolistas. Cuando llegó el momento de presentar al futbolista, el ambiente cambió: el público conocía la historia y comenzó a reaccionar con risas.
Después de todo lo sucedido, Cadaval y Dragutinović se estrecharon la mano. El humorista volvió a encontrar una oportunidad para hacer humor con la situación y con la enorme fuerza física del futbolista, recordando que la mano del serbio parecía prácticamente un alicate.
César Cadaval ha contado que incluso años después ha coincidido con el jugador en Madrid. En alguna ocasión lo vio cerca del Hotel Wellington y ambos se saludaron con normalidad, como dos personas que ya habían dejado atrás aquella peculiar disputa.



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