Seis en punto de la tarde. El cortejo de la Hermandad de Padre Pío se ponía en la calle. Había muchas ganas de celebrar los 25 años de una parroquia que, desde luego, se debe a su barrio. Diez minutos después, el paso de palio color burdeos cruzaba el dintel del templo del Buen Pastor y San Juan de la Cruz.
La imagen de la Virgen de la Divina Gracia ha sido la embajadora de Padre Pío en la tarde de este sábado. Esta dolorosa que esculpiera Luis Álvarez Duarte en 1987 ha salido a las calles de Sevilla para festejar el XXV aniversario de la construcción de su templo. Los costaleros comandados por el capataz Rafael Torres sacaban el paso de rodillas, antes había sonado la marcha ‹Pasa la Virgen Macarena›. Todo un clásico de la Semana Santa que el maestro Gámez Laserna regaló a Sevilla.
El Coro Cofrade de Sevilla ofreció sus voces en forma de plegaria
La Banda de Música de Las Angustias de Sanlúcar de Mayor daba el toque musical a la jornada. Pero no fue la única. A pocos metros de salir, el Coro Cofrade dde Sevilla tuvo a bien cantar las marchas ‹Pasan los Campanilleros› y ‹Encarnación Coronada›. Una magnífica ofrenda que sorprendió al público presente.
Fue una auténtica jornada de júbilo. Se notó a la llegada de la dolorosa a la calle San Juan de Aznalfarache donde guirnaldas adornaban el transitar del paso de palio. Allí tuvo lugar una levantá especial ya que la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, tocó el martillo. «Vamos a pedirle por ella, para que la Virgen le ayude a sus quehaceres diarios con todos los andaluces», mandaba el capataz a sus hombres.
Un guiño a la ciudad de Almería
La Virgen portó el manto de salida de Nuestra Señora de la Merced de la Hermandad Sacramental del Prendimiento de Almería. Se trata de una pieza confeccionada en 1998 por el taller de José Manuel Elena Martín, dentro del proceso de recuperación y reconstrucción del patrimonio de la corporación almeriense después del trágico incendio sufrido en 1996. El manto está bordado sobre un singular terciopelo azul ‘pavo real’, una tonalidad característica de la corporación almeriense.
La Dolorosa llevó además la saya de la Esperanza de Triana, madrina de la titular de Padre Pío. La pieza fue realizada por Fernández y Enríquez entre 1997 y 1998, a partir de antiguos bordados de los faldones del paso de la Dolorosa trianera. Esta saya ha sido restaurada recientemente y pasada a un nuevo soporte de tisú de plata, recuperando así todo su esplendor para esta ocasión extraordinaria. Como toca de sobremanto, la Divina Gracia lució la perteneciente a María Santísima del Buen Fin de la Hermandad de la Lanzada, realizada por Juan Antonio Curquejo Morales en 1987.
Los pétalos no faltaron
En el cortejo las mujeres vestidas con mantillas blancas anotaron un tinte de elegancia que indicaba la extraordinaria jornada que llevaba todo el barrio esperando. También, se notó en el cielo. Una lluvia de pétalos dibujaba el tránsito de la dolorosa por la calle Lora de Estepa. Los primeros vivas se escucharon detrás de la Virgen mientras la banda interpretaba la marcha ‹Rosario de Montesión›.
Se hizo la noche, al tiempo que la candelería hacía resaltar las pupilas de la imagen. Una atmósfera única que muy pocos vecinos de la zona se quisieron perder. Las calles estaban volcadas con la joven cofradía que, una vez más, vuelve a demostrar la autenticidad de la periferia de la capital. El recorrido concluyó a medianoche cuando la Virgen de la Divina Gracia volvió a alcanzar su templo poniendo el broche de oro a una jornada histórica.
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