La Alhambra va a reforzar el cuidado de las aves y fauna acuática que habitan entre sus palacios, huertas, jardines y acequias para asegurar el correcto equilibrio entre la conservación del patrimonio y la protección de la biodiversidad que acoge el monumento nazarí.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife gestiona de manera directa unas 133 hectáreas donde se integran ecosistemas acuáticos, de pradera y de bosque con gran multitud de fauna silvestre.
Para tener una adecuada información sobre la flora y la fauna existente y contar con la capacidad técnica para mejorar su conservación, la Alhambra ha sacado a licitación un contrato dividido en dos lotes por un valor superior a los 300.000 euros.
Lotes
El primer lote se refiere al manejo y seguimiento de los ecosistemas acuáticos. El objetivo es el mantenimiento en perfecto estado de las acequias, albercas y pilares del conjunto monumental, en los que no se aplica cloro ni alguicidas para un correcto estado de la vegetación acuática. También se contempla el seguimiento y manejo de la fauna existente en estas masas de agua o que dependen de ellas.
Actualmente en la Alhambra existen seis especies de anfibios distintas: el sapo y la rana común, el sapo corredor, el gallipato, el sapo partero bético y el sapillo pintojo. Entre otras cuestiones, el contrato exige a la empresa adjudicataria un protocolo de intervención urgente por si fuera necesario atender averías en los sistemas de agua o desecaciones que requieran trasladar anfibios o larvas.
El lote dos del contrato busca conseguir un mejor conocimiento y la adecuada gestión de las comunidades de aves y murciélagos del recinto monumental. Actualmente en la Alhambra existen 115 especies de aves y se pretende que este trabajo contribuya a definir la situación actual de estas poblaciones, según se desprende del pliego de prescripciones técnicas.
Otras actuaciones
Entre otras acciones, la empresa adjudicataria deberá elaborar una propuesta de actuación específica focalizada en las especies de aves y murciélagos que tienen o pueden tener incidencia negativa sobre el patrimonio arquitectónico, como palomas torcaces, vencejos gorriones y murciélagos.
A modo de ejemplo, la Alhambra recibe cada mes de marzo decenas de vencejos que usan como hábitats de cría las oquedades existentes en el monumento. En algunos lugares, la anidación de estas aves protegidas provoca daños a los elementos arquitectónicos, por lo que es preciso un control para evitar la degradación de las yeserías.
Todo ello sin renunciar a la presencia de estas especies migratorias que forman parte del patrimonio natural de la Alhambra, beben de sus aguas y comen cantidades ingentes de insectos en beneficio de la salud de las personas.
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