Carlos Telmo, histórico comunicador y profesional de las relaciones públicas, ha fallecido este lunes 10 de agosto a los 75 años de edad. El rondeño fue director de Relaciones Externas y Servicios VIP de la Expo ‘92 y venía atravesando en los últimos meses problemas de salud de los que él mismo fue hablando públicamente en sus redes sociales.
Telmo nació en 1951 en Ronda, pero hizo de Sevilla el gran escenario de su vida profesional, donde desempeñó casi todos los papeles de las relaciones públicas: responsable de protocolo, comunicador, empresario, decorador y colaborador en distintos medios de comunicación.
Además, el rondeño también fue director de Protocolo del Pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghái 2010 y antes había pasado por Montreal, Isla Mágica, el mundo de la moda, la hostelería y numerosos proyectos empresariales.
También desarrolló una estrecha relación con la Casa de Alba a través de su amistad con la duquesa, Cayetana Fitz-James Stuart, que le llevó a ejercer como portavoz de la familia durante la boda de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera. La prensa de la época recogió el enorme despliegue de protocolo y comunicación que rodeó el enlace entre el torero y la aristócrata.
Siempre con una sonrisa
Fue igualmente colaborador de radio y televisión, especialmente en Canal Sur, y también dejó algunas apariciones como actor. Su voz quebrada, su humor, su ironía y una capacidad casi inagotable para contar anécdotas lo convirtieron en un personaje mediático.
Su inconfundible sonrisa le ha acompañado incluso en los peores momentos, ya que Telmo utilizaba sus redes sociales para publicar fotos y vídeos en los que mostraba los procesos de recuperación de las crisis de salud que sufría. Muy activo, especialmente en Instagram, el todoterreno de las relaciones públicas contaba con un canal de YouTube en el que igualmente compartía vídeos de su día a día.
Su fallecimiento, ocho días después de celebrar tres cuartos de siglo, cierra una vida marcada por los viajes, el protocolo, las amistades y una alegría que contagiaba a todo aquel que estuviera cerca de él. Carlos Telmo, además, deja un gran vacío en San Lorenzo, barrio hispalense en el que residía.
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