A escasos meses de que se celebren las próximas elecciones municipales de mayo de 2027, el panorama político en la Plaza Nueva hispalense comienza a agitarse. Ismael Sánchez (Sevilla, 1979), portavoz de Izquierda Unida (IU) en el Consistorio, recibe 101TV para esta entrevista en el despacho de su grupo municipal en un momento clave de reconfiguración interna para su formación y de profunda crítica hacia el modelo de ciudad implementado por el actual Gobierno del Partido Popular.
Con paso firme pero prudente ante los tiempos electorales, Sánchez analiza la brecha social que divide a Sevilla, los retos del transporte, el debate educativo y la urgencia de regular un turismo que, a su juicio, está expulsando a los propios sevillanos de sus barrios históricos.
-Estamos ya en la antesala de las municipales de 2027. ¿Tiene pensado presentarse como candidato? Hemos visto que está apoyando activamente a Neiva Copado en las primarias de Izquierda Unida.
-En Izquierda Unida no estamos todavía en ese momento procesal. Actualmente tenemos abierto un proceso asambleario en la ciudad de Sevilla para elegir a nuestra próxima dirección local para los próximos cuatro años, tras culminar los procesos federal y andaluz. Efectivamente, apoyo la candidatura liderada por la compañera Neiva Copado. Es una mujer joven, activista en el Polígono Sur y miembro de la plataforma Nosotros También Somos Sevilla. Entendemos que ha llegado el momento de feminizar nuestra organización y que las compañeras tengan un papel protagónico, tras muchos años en los que los coordinadores han sido históricamente hombres. Una vez finalizado este proceso, abriremos el melón de las municipales y decidiremos quién es la persona idónea.
-¿Bajo qué paraguas concurrirá Izquierda Unida? La última vez lo hicieron de la mano de Podemos, pero el panorama nacional ha cambiado.
-Izquierda Unida tiene despejada esa ecuación desde hace muchos años; nosotros ya somos una confluencia en sí misma, un movimiento político-social. No nos hemos movido una loseta: queremos concurrir con cuantas más fuerzas de izquierda y progresistas mejor. A nivel local, el grupo municipal funciona con total estabilidad y la coalición la integran siete organizaciones. En Sevilla no me cabe duda de que el proyecto se mantendrá unido hasta las municipales. Desgraciadamente, a nivel nacional Podemos ha optado por la ruptura del bloque unitario para defender un proyecto más identitario, lo cual es legítimo, pero espero y confío en que en Andalucía y en Sevilla esa ruptura no ocurra.
«No nos hemos movido una loseta: queremos concurrir con cuantas más fuerzas de izquierda y progresistas mejor»
-Tras algo más de tres años en la oposición, ¿qué balance hace de la gestión del alcalde, José Luis Sanz?
-Lo primero que he aprendido en este tiempo es que la derecha no puede seguir ni un minuto más en el gobierno a partir de mayo de 2027, porque las consecuencias están siendo catastróficas. Tenemos una ciudad a dos velocidades: una Sevilla de primera y una Sevilla de segunda. Se han puesto todos los huevos en la cesta del turismo y del sector servicios, olvidando por completo a los barrios obreros. Tenemos una ciudad escaparate, un casco antiguo muy cuidado y con muchas inversiones, mientras la Sevilla real, donde viven los sevillanos que han sido expulsados de Triana, Nervión o el centro, está absolutamente olvidada. La desigualdad ha aumentado notablemente.
« Tenemos una ciudad escaparate, un casco antiguo muy cuidado y con muchas inversiones, mientras la Sevilla real, donde viven los sevillanos que han sido expulsados de Triana, Nervión o el centro, está absolutamente olvidada»
-¿Qué es lo peor que destaca de este mandato?
I.S.: Sin duda, el aumento de la desigualdad. Seguimos ostentando el triste ranking de tener seis de los quince barrios más pobres de España y el más empobrecido de toda Europa, y no se está haciendo nada para atajarlo. Además, sufrimos un grave retroceso en derechos: se han eliminado prácticamente las políticas de cooperación al desarrollo, las feministas y las LGTBI, más allá del escaparate de la fiesta. Asistimos a una privatización y precarización de servicios públicos bajo el falso debate de la ‘colaboración público-privada’, donde siempre gana lo privado y pierde la ciudadanía.
-¿Comparte la tesis de que Sevilla está en venta?
-Sevilla se está vendiendo, claro que sí. Yo le digo constantemente al alcalde en el Pleno que tenga cuidado, porque Sevilla va a morir de éxito. No tenemos capacidad logística ni de servicios municipales para acoger tantos eventos masivos y tanto turismo de forma descontrolada. Esto no significa que no queramos visitantes, vivimos en la ciudad más bonita del mundo, pero hay que ordenarlo. Nos vemos obligados a aprobar constantes modificaciones presupuestarias porque no hay planificación para pagar los gastos que genera este turismo salvaje. Mientras gastamos dinero en atender grandes eventos, en los barrios periféricos sigue habiendo ratas, suciedad y colegios con cero inversiones.
«Sevilla se está vendiendo, claro que sí. Yo le digo constantemente al alcalde en el Pleno que tenga cuidado, porque Sevilla va a morir de éxito»
-Respecto a la tasa turística, parece haber un consenso mayoritario entre las fuerzas políticas, excepto Vox. ¿Es la solución?
-Es una cuestión de sentido común. Ningún turista va a dejar de venir por pagar dos o tres euros más por noche, y para las arcas municipales supondría una inyección de millones de euros. ¿Por qué los sevillanos tenemos que soportar con nuestros impuestos los costes de limpieza, transporte y seguridad que generan los visitantes? Ahora bien, hay que diferenciar los debates: la tasa turística no busca reducir el flujo de visitantes, sirve para que contribuyan a la ciudad. El problema habitacional y la saturación se solucionan de otra forma: regulando de una vez por todas los pisos turísticos, aplicando una moratoria real a nuevas licencias e inspeccionando los pisos piratas que operan en garajes sin cédula de habitabilidad.
-La limpieza y la seguridad en los barrios son las denuncias más recurrentes de la oposición. El Gobierno local presume de tener más presupuesto y maquinaria que nunca en Lipasam. ¿Cómo lo valora usted?
-La realidad es que la ciudad está más sucia que nunca porque los efectivos y la maquinaria se desvían de los barrios para atender los macroeventos del centro, de Fibes o del Estadio de la Cartuja. Lo mismo ocurre con la seguridad. La policía de barrio, esa figura disuasoria y cercana que patrullaba por los parques y calles, ha desaparecido. Los dispositivos se destinan a otras cosas. Hoy en día, un vecino llama a la Policía a las tres de la mañana por un problema de ruidos o convivencia y le responden abiertamente que no hay efectivos disponibles. Eso genera una profunda sensación de inseguridad.
-La apuesta por los macroeventos y conciertos semanales es la vía que utilizan las grandes capitales para posicionarse. ¿Sevilla no debe competir en esa liga?
-El problema es el equilibrio. No podemos acoger conciertos todas las semanas en la Cartuja o macroeventos en FIBES porque colapsamos los servicios públicos. El gobierno presume de tener más presupuesto y maquinaria que nunca en Lipasam, pero la realidad es que la ciudad está más sucia que nunca. ¿Por qué? Porque todo el personal se destina a cubrir los eventos del centro y se desatiende a la periferia. Lo mismo ocurre con la seguridad: la policía de barrio ha desaparecido. Los efectivos se van a los grandes eventos y cuando un vecino llama a las tres de la mañana por problemas de convivencia o ruidos, le dicen que no hay patrullas disponibles. Eso también es inseguridad.
-Cambiando de tercio, el reciente debate sobre el Informe PISA ha devuelto la educación a la palestra. Como conocedor del sector, ¿cuál es su diagnóstico?
-Tenemos un buen sistema educativo en el conjunto del Estado. El problema surge cuando, al transferirse las competencias a las comunidades autónomas, el Estado no establece unos mecanismos mínimos de control. En Andalucía estamos viviendo una situación muy peligrosa: se desvía cada vez más dinero público a la educación concertada y privada, las universidades privadas proliferan y estudiar una FP pública con salidas es casi imposible. Se corre el riesgo de mutar hacia un sistema clasista donde solo estudie quien pueda pagárselo. A nivel municipal, el Ayuntamiento tiene abandonadas sus competencias de conservación, limpieza y mantenimiento de los colegios públicos, optando en su lugar por la externalización.
-El PSOE denunció recientemente la proliferación excesiva de procesiones extraordinarias en la ciudad. Como organización aconfesional, ¿qué postura mantiene IU sobre la Semana Santa?
-Coincido en que hay que buscar un equilibrio. Al igual que el turismo, las procesiones extraordinarias son eventos que saturan el espacio y los servicios públicos. Sería impensable cortar el tráfico por una carrera popular cada día de la semana; pues aquí ocurre lo mismo. Le hemos propuesto al alcalde crear una mesa de diálogo para hacer todo compatible. Dicho esto, en Izquierda Unida respetamos profundamente la Semana Santa porque está arraigada en nuestra cultura e historia. Hay que romper el cliché: nuestra organización defiende la separación Iglesia-Estado, pero bebe también del cristianismo de base, de la Juventud Obrera Cristiana y de figuras como el propio Juan Manuel Sánchez Gordillo o Antonio Maíllo. En Sevilla sabemos convivir.
-Para finalizar, la movilidad sigue siendo la gran asignatura pendiente de una Sevilla que ya supera los 700.000 habitantes. ¿Qué ha fallado?
-Ha faltado previsión por parte de todas las instituciones (Estado, Junta y Ayuntamiento), pero el plan de movilidad es responsabilidad exclusiva del consistorio. Se han cargado por completo la idea de Sevilla como la ciudad de la bicicleta. Izquierda Unida impulsó una revolución con la red de carriles bici que nos convirtió en referente europeo, y ahora la están dejando morir. El servicio público de Sevici no se ha modernizado y la gente prefiere el alquiler privado porque ofrece bicicletas eléctricas o más ligeras. Además, los barrios obreros sufren una desconexión tremenda con las líneas de Tussam. Hay que replantear el modelo de movilidad pensando en los trabajadores y no solo en los escaparates de la ciudad.


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