El periodista y escritor, José Antonio Rodríguez Benítez ha sido designado por la comisión de la Velá de Triana como Trianero del Año. Este reconocimiento le llega el mismo año en el que pregonó la Semana Santa de Sevilla en el teatro de la Maestranza; lo que supone un año redondo para uno de los pregoneros más jóvenes de nuestra fiesta mayor.
Triana y el Titanic
En la entrevista realizada en la azotea de su casa, José Antonio Rodríguez comparó al arrabal trianero con una de las escenas del Titanic para explicar la personalidad del barrio. «Triana era la tercera planta del barco a la que bajaban los pasajeros de la clase alta para pasárselo bien y vivir lo auténtico».
«Triana es esa mezcolanza de gentes que le ha dado esta personalidad única»
Para continuar haciendo un retrato del arrabal trianero, Rodríguez Benítez parafraseó una de las citas del dramaturgo sevillano, Salvador Távora: «La personalidad de Triana no puede entenderse sin el Guadalquivir. El aire del río había dado al barrio un carácter diferente al del resto de Sevilla».
El periodista también explicó que Triana creció gracias al barro de la Vega, que permitió el desarrollo de la alfarería y la cerámica, dos actividades que marcaron profundamente la economía y la cultura del arrabal. A ello se sumó la intensa actividad pesquera y marinera que convirtió al barrio en uno de los grandes centros vinculados a la navegación durante los siglos del comercio con América.
Incluso recordó la presencia de comunidades portuguesas establecidas en Triana para trabajar en el río, así como la llegada del pueblo gitano hace aproximadamente seis siglos, una convivencia que terminó configurando el carácter abierto y diverso del barrio.
La transformación del siglo XX
Durante la conversación también analizó la profunda transformación urbanística que experimentó Triana a mediados del siglo XX con la desaparición de numerosos corrales de vecinos y el traslado de muchas familias a los nuevos barrios creados durante la expansión de Sevilla.
«Yo me resisto a pensar que Triana está perdida». De hecho, explicó que cuando él era niño ya escuchaba a su abuela y a sus tíos hablar con añoranza de la Triana de su juventud. «La nostalgia forma parte de la vida del ser humano; siempre pensamos que el tiempo pasado fue mejor», señaló.
Dos momentos donde reaparece la Triana de siempre
Aunque reconoce que el barrio ha cambiado profundamente, Rodríguez Benítez identificó dos momentos del año en los que considera que sigue aflorando la esencia de la Triana más tradicional.
El primero llega durante la mañana del Viernes Santo, cuando numerosas familias regresan al barrio para vestir a sus hijos de nazarenos y acompañar a las hermandades en una de las jornadas más emblemáticas de la Semana Santa sevillana.
El segundo tiene lugar precisamente durante la Velá de Santiago y Santa Ana, cuando vuelven muchos vecinos que hace años abandonaron Triana y reaparecen numerosas familias gitanas cuyos vínculos con el barrio continúan muy presentes alrededor de la parroquia de Santa Ana.
Una infancia ligada a los corrales de vecinos
Aunque José Antonio Rodríguez nació en Sevilla y pasó gran parte de su juventud en Ginés, asegura que siempre sintió Triana como su verdadero hogar gracias a su abuela materna.
Ella vivía en un corral de vecinos de la calle Torrijos, junto a la calle Pureza, y, tras la desaparición de aquellos patios, decidió permanecer en el barrio trabajando como practicanta para los vecinos. Además, era hija de un gitano que era policía.
Es por ello que la abuela José Antonio Rodríguez Benítez fue la que le enseño desde niño los corrales, las calles, las costumbres y el modo de vida de una Triana cuya esencia brilla por su ausencia en el día a día.
Aquellas experiencias, unidas a las raíces gitanas de su familia materna, hicieron que con 26 años se comprara una casa en el barrio de Triana que hoy le reconoce su labor.



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