Los taxistas han perdido una excepción histórica que les permitía conducir sin el cinturón de seguridad en zonas urbanas. Con la entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Circulación, el próximo 1 de octubre, los taxistas y otros conductores profesionales estarán obligados a utilizarlo.
Resistencia desde el sector
Las primeras críticas no se han hecho esperar. Desde el sector del taxi, muchos se posicionan en contra y alegan que no se están teniendo en cuenta los factores que rodean a la profesión. «Tengo que estar subiendo y bajando cada dos por tres del coche», protesta un conductor. Aunque la mayoría coincide en esta postura, otros ven el cambio como algo positivo: «Si eso contribuye a la seguridad y a que haya menos accidentes, me parece bien».
La Unión Sevillana del Taxi y la Asociación Élite Taxi Sevilla rechazan el uso del cinturón: ponen como argumento el reciente caso en el que un taxista fue apuñalado durante la madrugada mientras se encontraba de servicio.
Lo consideran una cuestión de seguridad, ya que, según estas organizaciones, el cinturón abrochado mantiene al conductor «a merced del agresor». «En este desgraciado suceso, el compañero, de no haberlo llevado puesto, se hubiera zafado del agresor mucho antes y se hubiera ahorrado muchas de las 16 puñaladas», ha aseverado.
Videovigilancia por protección
Desde la Unión del Taxi hacen un llamamiento e instan a las autoridades a que faciliten y agilicen al máximo la instalación de sistemas de cámaras de seguridad en los taxis, dentro de la normativa vigente. «La videovigilancia no evitará por sí sola todas las agresiones, pero puede constituir una herramienta fundamental de prevención, disuasión e identificación de los responsables cuando se produzcan», ha concluido.
Las posiciones son distintas y variadas respecto a este tema, tanto por motivos de seguridad como por la comodidad de los trabajadores. Con el nuevo marco regulatorio a la vuelta de la esquina, el debate sobre el uso del cinturón de seguridad continúa a pie de calle.
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