Cada 13 de junio se celebra el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel, una fecha que este año llega en pleno inicio del verano y con el sol apuntando cada vez más alto. Con este motivo, especialistas en dermatología y oncología de los hospitales Quirónsalud en Andalucía han recordado algo que muchos todavía ignoran: la gran mayoría de los cánceres de piel se pueden prevenir, y cuando se detectan a tiempo, se curan.
El mensaje es claro y directo. La radiación ultravioleta —la que emite el sol, pero también los aparatos de bronceado artificial— es el principal factor ambiental que provoca tumores en la piel. Sus efectos no se notan de inmediato, pero se acumulan a lo largo de toda la vida. Cada quemadura solar, especialmente las de la infancia y adolescencia, deja una huella que puede manifestarse décadas después.
El melanoma, el más peligroso
De todos los cánceres de piel, el melanoma es el que más vidas se cobra. Aunque representa solo en torno al 5% de los diagnósticos, es el responsable de la mayor parte de las muertes por tumores cutáneos, ya que tiene mayor capacidad para extenderse a otros órganos. Sin embargo, el panorama ha cambiado de forma notable en los últimos años.
La doctora María Jesús Rubio, jefa del servicio de Oncología Médica del Hospital Quirónsalud Córdoba, explica que «la llegada de la inmunoterapia y de las terapias dirigidas ha supuesto un cambio radical en el tratamiento del melanoma avanzado». Hace apenas una década, un diagnóstico de melanoma metastásico equivalía casi a una sentencia. Hoy, muchos pacientes alcanzan supervivencias prolongadas con respuestas duraderas al tratamiento. Cuando el melanoma se detecta en fases tempranas, las posibilidades de curación superan el 90%.
Hace apenas una década, la supervivencia del melanoma metastásico era muy limitada. Hoy se alcanzan respuestas duraderas al tratamiento
Protección solar, paso a paso
Protegerse del sol no consiste únicamente en aplicar crema. El doctor Leandro Martínez, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Quirónsalud Málaga, insiste en que hay que «ser estrictos con detalles que a veces se pasan por alto». El fotoprotector debe reaplicarse cada dos horas y no deben olvidarse zonas como las orejas, el dorso de las manos, el cuello o los pies. Además, advierte de que los productos de protección solar tienen una vida útil una vez abiertos —habitualmente entre 6 y 12 meses— que aparece indicada en el envase con las siglas PAO.
La dermatóloga Carmen Vázquez Bayo, del Hospital Quirónsalud Huelva, añade que la protección solar debe entenderse como una estrategia completa: evitar el sol en las horas centrales del día, buscar la sombra, usar ropa adecuada, sombreros y gafas con filtro ultravioleta homologado. También recuerda que las nubes no bloquean la radiación, por lo que el riesgo no desaparece en días nublados. Hoy existen aplicaciones móviles que informan del índice ultravioleta y avisan de los momentos de mayor peligro.
La radiación ultravioleta atraviesa las nubes: el riesgo de daño solar persiste incluso en días aparentemente nublados
Los niños, especialmente vulnerables
La piel infantil es especialmente sensible a la radiación solar, y las quemaduras sufridas en la infancia tienen consecuencias que pueden aparecer muchos años después. La doctora María José Lirola, jefa de Pediatría del Hospital Materno-Infantil Quirónsalud Sevilla, señala que las quemaduras con ampollas en los primeros años de vida incrementan el riesgo de desarrollar melanoma en la edad adulta. Los grupos más vulnerables son los lactantes, los niños de piel muy clara, los que tienen muchos lunares y aquellos con antecedentes familiares de cáncer de piel.
Cuándo acudir al médico
Los especialistas recuerdan que no hay que esperar a tener síntomas para consultar con un dermatólogo. Cualquier cambio en el tamaño, forma o color de un lunar, la aparición de nuevas manchas en la piel o una herida que no cicatriza son señales de alerta que deben ser valoradas. La detección precoz no solo salva vidas: también facilita tratamientos menos agresivos y con mejores resultados estéticos y funcionales.
Por último, los expertos desmienten una creencia popular sin base científica: la piel no desarrolla ningún tipo de «callo solar» que la proteja de los rayos ultravioleta. La exposición acumulada siempre conlleva riesgo, independientemente de los años de exposición al sol.



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