El regreso del Instituto Cervantes a Gibraltar ya tiene un horizonte económico claro, aunque el despliegue final obligará a cambiar de estrategia sobre el terreno. El director de la institución, Luis García Montero, ha confirmado que los presupuestos de cara al año 2027 ya contemplan una partida específica para reabrir en la colonia británica. Eso sí, hay un pero y es que la última palabra sigue estando en el tejado político del Consejo de Ministros y del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, de quienes depende el visto bueno definitivo.
La vuelta al Peñón supondrá romper con el pasado logístico. El antiguo centro echó el cierre definitivo en 2015 por decisión del entonces ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, tras una época de fuertes tensiones políticas. Ahora, García Montero aclara que no volverán al mismo inmueble de entonces y que, a día de hoy, acoge otra actividad como era de esperar once años después.
Toca buscar una nueva sede. Es una tarea de rastreo que confirma, ya está en manos del anterior director del centro llanito, Francisco Oda, actual responsable en Dublín. Oda ya expuso el 15 de julio – durante la jornada de retirada de la verja – que para esta reapertura, «está todo preparado».
El ejecutivo tiene la última palabra tal y como confirma Luis García Montero, “tenemos los estudios hechos y el dinero presupuestado; abriremos en cuanto el Gobierno nos dé luz verde».
Una trinchera ética frente a los algoritmos
Más allá de los mapas y las fronteras, el Cervantes libra ahora mismo su batalla más compleja en el entorno digital.
Aprovechando la Reunión Anual de Directores en Jerez, García Montero lanzó un aviso serio sobre el rumbo de la tecnología: el peligro real de que la sociedad termine convertida en «un nido de cacatúas que repiten discursos sin pensar», actuando como simples marionetas controladas por los algoritmos.
El reto prioritario de la entidad pasa por blindar el peso del español en internet frente al dominio aplastante del inglés. Pero el verdadero desafío, según el director, es vigilar el código desde dentro para evitar que las máquinas se programen con sesgos racistas, machistas o imperialistas.
Superar la Verja sin borrar el llanito
Esta misma defensa de la convivencia se quiere trasladar a la futura sede de Gibraltar, concebida como un puente cultural para «lograr un diálogo que supere la Verja». La presencia del instituto no busca arrinconar la realidad lingüística del Peñón, sino convivir con ella.
García Montero apuesta de lleno por respetar y sacar partido al llanito y a ese uso bilingüe tan característico que mezcla el inglés y el castellano en el día a día de la zona. Para el filólogo, en un idioma con 600 millones de hablantes es imposible mantener la unidad si se intenta aplastar la diversidad de cada territorio, «hay que afianzar el español. La lengua y sus costumbres. No perder lo que era una realidad lingüista en Gibraltar».
El orgullo de la lengua andaluza
En clave académica, el director del Cervantes rompió una lanza a favor del habla de la tierra que este año ejerce de anfitriona. Apoyándose en el legado histórico de Antonio de Nebrija y del gramático latinoamericano Andrés Bello, recordó que la modalidad lingüística de los andaluces «es tan correcta y tan defendible como la de los castellanos».
Bajo esa mirada integradora, la institución reorientará sus misiones pedagógicas para actualizar los métodos de los profesores y adaptarlos a las exigencias de las aulas de hoy. Una de las acciones que no duda García Montero, será uno de los objetivos tras estos días de análisis y reflexión entre más de un centenar de directores de centros Cervantes en cada rincón del planeta.
Dinero público para el patrimonio de Cádiz
La crónica del encuentro anual también dejó un recado directo para las administraciones en materia de financiación local. El poeta y director reclamó más inversión pública y apoyo real para los espacios culturales de la provincia de Cádiz, señalando con nombres y apellidos a la Fundación Caballero Bonald en Jerez y a la Fundación Fernando Quiñones en Chiclana. «Invertir en cultura siempre da beneficios porque nos educa y nos hace dueños de nuestra propia conciencia», zanjó García Montero para cerrar su intervención.



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