El Palacio Provincial de Cádiz ha cambiado esta mañana el protocolo habitual de sus despachos por el revuelo y las sonrisas de cuarenta niños saharauis. La recepción del programa ‹Vacaciones en Paz› no es un acto estacional más; es el reflejo de casi dos décadas de un trabajo ininterrumpido entre los hogares gaditanos y los campamentos de refugiados.
Este verano, un grupo final de 154 menores pasa los meses de julio y agosto repartido por 143 casas de la provincia. Así se esquiva el durísimo termómetro del desierto de Tinduf, que en esta época supera los 50 grados a la sombra. Con estas cifras, Cádiz vuelve a liderar la acogida en Andalucía al asumir el cuidado de una cuarta parte de los niños que llegan a la comunidad.
La maquinaria solidaria empezó a moverse meses atrás, cuando la Federación Gaditana (FECÁDIZ) manejaba una lista inicial de 137 menores. El esfuerzo a contrarreloj de las asociaciones locales y la respuesta de los vecinos lograron desbordar los planes previstos, consiguiendo una plaza para diecisiete niños más. Para ellos, salir del desierto significa entrar en una rutina totalmente nueva: días de piscina, bautismos de surf en el litoral, visitas culturales y clases de español.
En municipios como Chiclana, donde la asociación Sadicum tutela a una treintena de pequeños, la implicación de los barrios demuestra cada día cómo la realidad pie de calle supera con creces los datos de cualquier boletín oficial.

Un cordón umbilical que no se rompe en septiembre
Pero este programa va mucho más allá de las actividades de ocio estival. En la práctica, funciona como un escudo sanitario real.
Aprovechando su estancia en la red de salud de la provincia, cada menor pasa por revisiones médicas y odontológicas a fondo. Son chequeos cruciales para detectar y tratar a tiempo problemas de vista, oído o desnutrición que, en la precariedad de los campamentos, acabarían convirtiéndose en dolencias crónicas por la pura falta de recursos en el terreno.
La Diputación de Cádiz respalda económicamente esta labor desde 2007 con una inversión acumulada de 521.000 euros. Sin embargo, el compromiso no se desmantela cuando los niños suben al avión de vuelta en septiembre. Mientras los pequeños agotan sus últimas semanas de playa, el trabajo se traslada directamente a las arenas argelinas.
De forma simultánea a las vacaciones, FECÁDIZ y la institución provincial —junto a la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar— desarrollan en los propios campamentos el programa de ‘Reducción de la Asfixia Neonatal’. Esta iniciativa costea la formación especializada de matronas y sanitarios locales para asegurar una atención digna durante el embarazo y el parto.
Este apoyo médico sobre el terreno reduce de manera drástica las complicaciones críticas y la mortalidad de los recién nacidos en una de las zonas más vulnerables del planeta. Con este proyecto, la solidaridad gaditana cierra un círculo vital completo: cuida de los niños que ya corretean por sus playas y protege el derecho a nacer de los que están por venir.
Mientras las asociaciones ya mueven los hilos para buscar nuevas familias de cara al próximo año, Cádiz deja claro que su relación con el pueblo saharaui no depende de una foto oficial de verano, sino de un compromiso innegociable con la vida.



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