La provincia de Málaga registra en lo que va de campaña estival 105 intervenciones por incendios forestales. Tras la extinción de cada foco, la Brigada de Investigación de Incendios Forestales -BIIF-, integrada por diez agentes medioambientales de la Junta de Andalucía, activa un protocolo pericial sobre el terreno para esclarecer el origen del fuego.
Guardias estivales
Durante el periodo de alto riesgo, que comprende del 1 de junio al 15 de octubre, los diez agentes de la brigada operan en guardias por parejas bajo la activación del centro operativo de Infoca. Su labor no se restringe a la investigación posterior: en los siniestros catalogados como grado A y B asumen la dirección directa de las tareas de extinción, mientras que en incendios de mayor envergadura — grado C en adelante— se hacen cargo del mando de los diferentes sectores en coordinación con los técnicos de operaciones.
Según comenta Eleuterio Tapia, coordinador de la BIIF, a 101TV lo importante es la celeridad y la agilidad: «La rapidez en la llegada resulta determinante para evitar la pérdida de indicios sobre el terreno quemado. En fuegos de gran magnitud, los investigadores inician la inspección pericial de forma inmediata mientras las labores de control continúan activas», explica.
El método de trabajo
Para localizar el punto cero o área de inicio, los agentes aplican un método sistemático de análisis de evidencias físicas utilizando herramientas como escalas numéricas, termómetros o drones. El avance de las llamas queda registrado en la vegetación y los elementos del paraje: las marcas de combustión en los troncos de los árboles, la inclinación de las gramíneas cortadas por el fuego o las manchas de hollín acumuladas en alambradas y postes metálicos fijan los vectores de dirección.
Una vez delimitado el origen, cada pista—como el patrón de combustión de una colilla— se identifica numéricamente, se fotografía junto a una escala métrica para registrar sus dimensiones y se contrasta técnicamente con las imágenes aéreas facilitadas por los helicópteros del dispositivo, o ahora también con drones para acceder a aquellos sitios donde no llega el ojo humano.
Negligencias y causas singulares
Las estadísticas de la BIIF confirman que la gran mayoría de los siniestros responden a la actividad humana y a imprudencias que podrían evitarse. Las abundantes precipitaciones de la pasada primavera han generado una elevada carga de pasto seco en el monte que actúa como combustible ante las altas temperaturas. En este contexto, la normativa autonómica obliga al mantenimiento de cortafuegos perimetrales en fincas forestales y a la limpieza exhaustiva de las cunetas en las carreteras.
Junto a los fallos mecánicos o el uso indebido de herramientas en días extremos, han documentado otras causas singulares de ignición en la provincia. Entre ellas figuran el lanzamiento de globos de aire caliente, la quema no autorizada de libros de texto por parte de estudiantes al término del curso escolar o la combustión de prendas y velas en rituales nocturnos en pleno monte.
Las condenas
La delimitación de competencias atribuye a la BIIF la obtención de la prueba material, mientras que los cuerpos de seguridad — El Seprona de la Guardia Civil y la Policía Nacional Adscrita— desarrollan la investigación personal para la identificación y detención de los sospechosos.
Pese a la complejidad técnica que entraña demostrar la intencionalidad frente a la negligencia, la solidez del informe pericial resulta clave para la apertura de diligencias judiciales en un tipo delictivo que contempla severas penas de prisión. Al término del año, todos los expedientes se integran en un mapa provincial de riesgos y causas orientado a planificar los trabajos preventivos en las zonas con mayor índice de siniestralidad.


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