Si en la anterior entrega sobre ese concurso de las Siete Maravillas del Mundo se hablaba de cómo un empresario granadino usó la candidatura de la Alhambra para promocionar su negocio de un modo atípico, ahora que suenan campanas de un nuevo concurso de este tipo hay que recordar que en 2007 un multimillonario suizo se embolsó once millones de euros a costa de los votos de los granadinos para que su monumento fuera elegido aunque finalmente no entró.
Después del chasco de que el conjunto monumental de la Alhambra y los palacios nazaríes no fueran escogidos entre las Siete Maravillas del Mundo, luego llegó la decepción de enterarse que aquel concurso de ámbito privado sirvió principalmente al servicio de unos pocos. Los ciudadanos gastaron más de once millones de euros en votar a la Alhambra para que se convirtiera en una de las Nuevas Siete Maravillas en el concurso promovido por el multimillonario suizo Bernard Weber. Y a sus bolsillos fueron a parar gran parte de estos ingresos, según un estudio posterior que hizo la Universidad de Granada (UGR).
Este hecho, que tuvo poca repercusión entonces, demuestra la engañifa que pueden llegar a ser estos concursos de sufragio global. Entonces, hace casi veinte años, la fórmula del SMS, un mensaje de texto con coste era la manera de hacer negocio. Un grupo de investigación de la UGR dirigido por el catedrático Teodoro Luque León quiso desmontar este certamen, para lo que realizó encuestas telefónicas a la población.
Así, ante la pregunta de si los granadinos sabían si la iniciativa era pública o privada, la mayoría lo desconocían, pero de los que contestaba siete de cada diez estaban convencidas de que era algo público. Eso se debía principalmente a que las instituciones locales y la propia Alhambra promovieron aquel concurso de forma amplia y realizaron un despliegue político e inversor con el objetivo de que el monumento andaluz fuera elegido.
11,3 millones en votos de españoles
Para aquel concurso de hace 19 años se podía votar o bien por internet (de forma gratuita), a través del teléfono o a por un SMS vía móvil. Aunque ganaron los votos mediante la red, todavía internet no estaba muy democratizado, por lo que hubo muchos ciudadanos que pagaron. Según los cálculos de la UGR, en España se gastaron 4,7 millones de euros en votos por teléfono y 6,6 millones en mensajes SMS. Es decir, la empresa que gestionó el concurso hizo una recaudación total de 11,3 millones de euros en el voto a la Alhambra desde España, ya que sólo un 3,5% votaron a otros monumentos.
¿Y ese dinero fue a parar al patrimonio? Pues eso es lo que vendió en un principio Weber, quien dijo que el 50% de lo recaudado se destinaría a preservar los patrimonio de grandes monumentos del mundo. Así, ahora que el Consejo Mundial de Viajes y Turismo quiere reeditar este certamen con monumentos a partir del siglo XIX conviene hacer esa lectura del pasado para saber que en la vida normalmente nada es gratis.
Que se lo digan a Bernard Weber, el suizo que vendió su vida de aventurero, aviador, explorador, conservador de museo y documentalista altruista para llevárselo crudo con su fundación New7Wonders. Una iniciativa, a priori, bonita que a ver cómo resulta de democrática y limpia con sus nuevos promotores en la época de las redes sociales.
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