La pérdida de Manuel Moreno Carrasco (Jerez de la Frontera 1958 – Tokio, 2026) a los 67 años de edad supone la desaparición de un exponente de la escuela cantaora tradicional de su ciudad. Nacido en el seno de una de las familias con mayor arraigo en el cante local. Hijo de ‹La Malena›, hermano del también cantaor Antonio Malena, sobrino de Manuel y Juan ‹Morao› y primo de Curro Malena. El artista representaba la transmisión oral del repertorio clásico, caracterizado por el estudio y la conservación de los estilos históricos del municipio gaditano.
La proyección internacional de Manuel Malena coexistió siempre con un estrecho contacto con la actividad cultural de Jerez de la Frontera. El cantaor mantuvo su residencia emocional y artística en su ciudad natal, regresando de forma periódica para participar en los circuitos locales.
Este compromiso se reflejó especialmente en su relación con la Peña Flamenca ‘La Bulería’. En este espacio de encuentro, Malena participaba activamente en sus recitales y reuniones de cabales, consolidando el valor de las peñas como entidades fundamentales para la preservación de la identidad artística de la comarca. La carrera de Manuel Malena, desarrollada a lo largo de más de cinco décadas sobre los escenarios, se estructuró en torno a una sólida solvencia profesional.
Trayectoria profesional, registro y obra
Malena inició su andadura profesional desde muy niño y subiendo a los escenarios como cantaor con apenas once años. Durante sus más de medio siglo de actividad, mantuvo una regularidad constante en programaciones, festivales y circuitos de peñas.
Sus cualidades vocales eran admiradas y su registro, caracterizado por un timbre rozado y de gran densidad, idóneo para la ejecución de los palos fundamentales de la escuela jerezana, como las seguiriyas, las soleares y los cantes de compás como la bulería. Malena contaba con un profundo conocimiento del ritmo lo convirtió en un especialista en el cante de atrás, acompañando a destacadas figuras del baile y del toque en giras nacionales e internacionales.
Su aportación artística ha quedado registrada en diversas antologías colectivas dedicadas al cante de Jerez, así como en archivos audiovisuales especializados que documentan la evolución del género en el último tercio del siglo XX y principios del XXI. En su recorrido profesional acumuló reconocimientos que lo encumbraron entre amantes del arte flamenco y aficionados, poniendo su nombre entre los más destacables de un flamenco clásico y de un metal muy reconocido por compañeros del toque y el baile.
La docencia y el desarrollo del flamenco en Japón
Lejos de limitar su actividad al circuito nacional, Malena canalizó su madurez profesional hacia la pedagogía internacional, estableciendo un puente permanente con Japón. En el país asiático, donde existe una comunidad de aficionados con un notable interés técnico y formativo por este arte, el cantaor desarrolló una labor docente continuada.
Su enfoque metodológico no se limitaba a la transmisión de estructuras musicales, sino que mostraba el flamenco como una manifestación cultural integral. Esta dedicación al magisterio convirtió a Tokio en su principal centro de operaciones durante sus últimos años, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de profesionales y aficionados nipones.
La familia informa que se encuentran en plenas gestiones burocráticas para que sus restos descansen en Jerez, aunque advierten que pasarán varios días hasta llegar ese momento.



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