Uno de los primeros movimientos de la investigación sobre el accidente ferroviario en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla no se produjo junto a las vías, sino a cientos de kilómetros del lugar del siniestro. Agentes de la Guardia Civil y especialistas de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) viajaron a la capital de España para escuchar al trabajador del centro de control que gestionaba la circulación en ese tramo en el momento del choque. El balance provisional es de 64 fallecidos.
Primero fuentes gubernamentales, luego el ministro Óscar Puente en su comparecencia, apuntaron a esa hipótesis como la más plausible para que se produjera la tremenda colisión de AVE contra la parte trasera de un convoy de Iryo que estaba parado a la altura del kilómetro 118 de la vía.
Por qué el centro de control es una pieza clave
En la alta velocidad, los maquinistas no deciden por sí solos cuándo avanzar o detenerse. Desde los centros de control, los operarios siguen en tiempo real la posición de cada tren, autorizan sus movimientos, fijan las rutas y atienden las incidencias que surgen en la red. Son, en la práctica, los responsables de ordenar el tráfico para que dos convoyes no coincidan en el mismo tramo.
Por eso, ante un choque entre dos trenes en la misma vía, una de las primeras preguntas que deben responder los investigadores es qué información tenía el centro de control y qué instrucciones se dieron. El testimonio del operario permite contestar a varias cuestiones esenciales:
Primero, si conocía que el tren de Iryo estaba detenido y desde cuándo. Segundo, qué indicaciones o autorizaciones recibió el AVE que circulaba detrás. Tercero, si se produjo alguna alarma, aviso o fallo en los sistemas durante esos minutos. Y cuarto, cómo fueron las comunicaciones con los maquinistas y con otros puestos de la red.
Su relato se cruzará después con los registros técnicos, ya que los sistemas de control y los propios trenes guardan datos sobre velocidades, señales y comunicaciones. La combinación de ambas fuentes es la que permite reconstruir con precisión la secuencia de hechos.
Una declaración que no implica culpa
Que el operario haya sido el primero en ser interrogado no significa que se le atribuya responsabilidad alguna. En las primeras horas tras un accidente de esta magnitud, los investigadores recogen el testimonio de todas las personas que intervinieron en la gestión del tráfico, mientras los recuerdos están frescos. Es un procedimiento habitual.
Según fuentes cercanas a la investigación, la Guardia Civil actúa como apoyo de los técnicos de la CIAF, que son quienes dirigen las pesquisas para determinar las causas. Este organismo no busca culpables ni impone sanciones: su objetivo es averiguar qué falló y proponer medidas para evitar que se repita. Si hubiera responsabilidades, sería la vía judicial la encargada de dirimirlas.
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