El Campo de Gibraltar asiste al inicio de la migración hacia el Sahel africano con un espectáculo visual pegado a la actualidad de la zona. Quienes salían y entraban hoy a Gibraltar se han topado con una estampa difícil de olvidar en el cielo. Cientos de cigüeñas blancas han cruzado en perfecta formación la zona de la exfrontera con La Línea de la Concepción, inaugurando de golpe la temporada de migración postnupcial.
Ver a estas enormes aves poner rumbo al sur en pleno agosto, con los termómetros rozando los 40 grados, puede parecer una locura. Pero la naturaleza tiene sus propias normas y el viaje no es por buscar fresco, sino por pura supervivencia: manda el hambre.
Jóvenes ejemplares hacia el Sahel con el calor como gasolina
El verano está dejando los campos de la península ibérica y de Europa central completamente agostados. Los ríos bajan secos y encontrar ranas, insectos o pequeños roedores se vuelve misión imposible para ellas.
En cambio, justo ahora empieza la época de lluvias en el Sahel africano (en países como Mali, Níger o Chad). Esa franja subsahariana reverdece de la noche a la mañana, provocando plagas de saltamontes y langostas que se convierten en un festín inigualable para las viajeras.
Aunque nos parezca mentira, este bochorno de agosto es su mejor aliado. Las cigüeñas pesan demasiado como para cruzar el continente batiendo las alas; se agotarían en un par de kilómetros. Son planeadoras natas. Su estrategia consiste en aprovechar las corrientes térmicas, que son esas columnas de aire caliente que suben con fuerza desde el suelo cuando el sol aprieta. Cuanto más calor hace, más potente es este «ascensor invisible» que les permite ganar altura y cruzar los 14 kilómetros del Estrecho flotando, sin apenas gastar energía.
Los datos de organizaciones como SEO/BirdLife revelan un detalle curioso: estas bandadas de mediados de agosto están formadas casi en su totalidad por los polluelos nacidos esta primavera. Los adultos españoles se han vuelto un poco perezosos y muchos ya no cruzan el charco porque prefieren quedarse todo el año viviendo de los vertederos y los arrozales de la península. Los jóvenes, en cambio, se guían por un instinto genético ciego que los empuja a volar miles de kilómetros en su primera gran aventura.
Tránsito libre en la Verja
La imagen del día, más allá de lo ecológico, ha dejado un guiño inevitable con la política local. Las aves cruzaban con total soltura un espacio aéreo que, desde el histórico acuerdo del pasado 15 de julio, estrena una nueva realidad de movilidad y libre tránsito documental.
Algo de sabias deben de tener estas cigüeñas, que se han aprendido al dedillo que ya no hay controles ni colas en la Verja, pasando al otro lado sin necesidad de enseñar el DNI a nadie.


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