Los puertos pesqueros del Estrecho de Gibraltar encaran la nueva regulación de la pesca accidental de atún rojo con una mezcla de alivio y decepción. La reciente Resolución de 6 de agosto de 2026 de la Secretaría General de Pesca introduce avances históricos para el sector artesanal, pero se queda corta frente a las demandas reales de los profesionales del mar.
La normativa afecta directamente a las flotas de Algeciras, Barbate, Conil, La Línea de la Concepción y Tarifa. Por primera vez, los marineros podrán desembarcar y comercializar legalmente los ejemplares capturados de forma fortuita, una reclamación histórica que acaba con el vacío legal anterior.
Un avance histórico empañado por las restricciones
La gran mejora de la nueva ley es económica y legal: el atún accidental ya no se desperdicia ni se persigue, sino que entra en el circuito comercial legal. El Gobierno ha asignado una bolsa total de 64 toneladas para cubrir estas capturas durante la temporada.
Sin embargo, el optimismo del sector es limitado. El texto definitivo mantiene el límite estricto de un solo ejemplar por embarcación y día.
Los pescadores advierten que este tope es inviable en el Estrecho de Gibraltar, una zona de paso migratorio donde la presencia de la especie es masiva y permanente. Si una red artesanal atrapa varios atunes por accidente en una sola jornada, la ley actual no ofrece una solución clara para el excedente.
El Gobierno ignora la singularidad del Estrecho
El malestar de las cofradías radica en el proceso de negociación. A finales de julio, el sector presentó un paquete de alegaciones para que Madrid reconociera las condiciones geográficas únicas del Estrecho. Ninguna de estas propuestas fue incluida en el documento final.
Los profesionales argumentan que el Estrecho ya cuenta con un reconocimiento específico en la normativa estatal por su problemática con el atún, por lo que carece de sentido que ahora se le equipare con cualquier otra zona pesquera de España donde el recurso es escaso.
Un punto de partida para el futuro
A pesar de los flecos sueltos, los representantes de los pescadores no dan la batalla por perdida. Confían en que el consumo total de las 64 toneladas asignadas sirva de argumento técnico y estadístico ante la Administración para demostrar el impacto real del atún en el día a día de la flota artesanal.
«Estamos satisfechos porque se ha producido un avance, pero también insatisfechos porque no hemos conseguido todo lo que habíamos solicitado desde el primer momento».
El sector exige que esta resolución sea solo el primer paso hacia una regulación definitiva y adaptada de forma exclusiva a las aguas del Estrecho.



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