El senador republicano Lindsey Graham, representante de Carolina del Sur y una de las figuras más influyentes del Partido Republicano en las últimas décadas, falleció el sábado por la noche a causa de una enfermedad «breve y repentina», según informó este domingo su oficina a través de un comunicado publicado en la red social X. Su familia solicitó respeto por su privacidad durante el duelo.
Graham, de 71 años, mantenía una estrecha relación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y se había consolidado como uno de sus principales apoyos en el Senado. En los últimos años destacó por respaldar la mayoría de las iniciativas de la Administración republicana, especialmente en política exterior y seguridad nacional.
Su fallecimiento se produce apenas unas semanas después de que Trump expresara públicamente su apoyo a la candidatura de Graham para optar a un nuevo mandato en las elecciones legislativas previstas para noviembre. El senador había logrado imponerse en las primarias republicanas de Carolina del Sur frente al empresario Mark Lynch, reforzando así sus opciones de continuar en la Cámara Alta.
Durante ese respaldo, el presidente elogió la trayectoria de Graham y subrayó tanto su lealtad política como la relación personal que ambos mantenían desde hace años. Trump afirmó que el senador siempre había estado a su lado en los momentos más importantes y le otorgó su «respaldo completo y total» para la reelección.
En el ámbito internacional, Graham era considerado una de las voces más firmes del Partido Republicano en favor de Israel y uno de los legisladores más críticos con Irán. Sus posiciones en materia de defensa y política exterior le convirtieron en una figura de referencia dentro del ala más conservadora del Senado.
La muerte del senador deja vacante un escaño clave para los republicanos en un momento especialmente sensible, a pocos meses de unas elecciones de medio mandato que serán decisivas para el equilibrio de fuerzas en el Congreso de Estados Unidos.



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