En un rincón de la costa malagueña, donde la tradición y el mar siguen estrechamente unidos, la jábega continúa desafiando el paso del tiempo. Esta embarcación, cuyos orígenes se remontan a más de tres mil años, cuando los fenicios navegaban por el Mediterráneo, sigue construyéndose de forma artesanal gracias al trabajo de los últimos maestros de la carpintería de ribera.
Sin duda, la jábega representa una parte esencial de la identidad cultural de Málaga. Su diseño, sus técnicas de construcción y su vínculo con los antiguos pescadores —conocidos como marengos— mantienen viva una tradición que ha pasado de generación en generación. Este patrimonio ha recibido un importante reconocimiento con la declaración de la carpintería de ribera como Bien de Interés Cultural (BIC), una medida destinada a proteger un oficio centenario.
Un largo proceso artesanal
En el Astillero Nereo, uno de los pocos lugares donde todavía se elaboran estas embarcaciones siguiendo métodos tradicionales, cada nueva jábega requiere entre doce y catorce meses de trabajo. El proceso comienza con la selección de los árboles adecuados en los montes de la comarca, una tarea realizada junto a técnicos medioambientales para garantizar la calidad de la madera. Después, los carpinteros construyen el armazón curvo de la embarcación y completan el revestimiento del casco, respetando un sistema artesanal que apenas ha cambiado con el paso de los siglos.
Otro de los elementos característicos del proceso es la impermeabilización mediante brea, obtenida y preparada en un horno tradicional situado en Sierra Bermeja. Este tratamiento protege la madera y prolonga la vida útil de las embarcaciones, al tiempo que conserva una técnica histórica prácticamente desaparecida en otros lugares.
Formación de nuevas generaciones
La continuidad del oficio también depende de la formación de nuevas generaciones. Por ello, el astillero desarrolla un programa de aprendizaje en el que participan más de un centenar de voluntarios interesados en conocer y preservar la carpintería de ribera. La iniciativa busca evitar que desaparezcan unos conocimientos transmitidos durante siglos de maestro a aprendiz.
Además de su actividad constructiva, el astillero alberga un museo ecosocial que reúne herramientas, piezas y objetos donados por antiguos pescadores. Este espacio permite conocer la evolución de la navegación tradicional y comprender el papel que la jábega desempeñó durante décadas en la vida cotidiana de las comunidades costeras malagueñas.
El taller vive una etapa de intensa actividad. Entre sus encargos figuran nuevas embarcaciones para clubes de remo, hermandades vinculadas a la Virgen del Carmen y proyectos de recreación histórica, como la construcción de barcos inspirados en modelos fenicios. Incluso reciben solicitudes procedentes de otras ciudades españolas, lo que demuestra el creciente interés por este patrimonio naval.
Gracias al esfuerzo de los artesanos y al interés de instituciones y ciudadanos, estas embarcaciones continúan surcando las aguas malagueñas como símbolo de una cultura marinera que se resiste a desaparecer.



Síguenos en redes





