Cada semana, cuando la mayoría busca refugiarse del calor de Sevilla, un grupo de vecinos hace lo contrario y sale a la calle. Zakarías, Auxi, Bernardino, Carlos y Mariví se reúnen para encontrarse con personas sin hogar bajo el nombre de La Calle, una iniciativa vecinal que reparte comida, aseo y compañía.
Mariví, una de las voluntarias, recuerda cómo empezó todo. Un día se encontró a un hombre tirado en la acera, al que llama tito Paco. Se acercó, le preguntó qué le pasaba y le propuso tomar un café y hablar. Aquel gesto se repitió con el tiempo hasta convertirse en una costumbre semanal para todo el grupo.
Los voluntarios coinciden en que detrás de cada persona que duerme al raso hay una historia distinta. Por eso no se limitan a repartir alimentos, sino que dedican tiempo a escuchar y conversar con cada persona a la que visitan cada semana.
Carlos, otro integrante del grupo, conoce de primera mano la dureza de vivir en la calle porque él mismo pasó por esa situación. Ahora ayuda a quienes atraviesan lo que él vivió. La labor del grupo, explica, no consiste solo en llevar un bocadillo, sino también palabras y un abrazo, algo que considera clave para salir adelante.
La actividad se sostiene con pequeñas aportaciones de vecinos anónimos. Una amiga con un puesto de fruta le da parte de los alimentos a Mariví. Otras personas, sin conocerlos directamente, contactan con los voluntarios para donar batidos u otros productos y se los acercan hasta su propia casa. Así, la red de colaboradores ha crecido de forma espontánea, sin ninguna financiación institucional detrás.
El recorrido semanal arranca en el barrio de El Arenal. Desde allí, los voluntarios visitan los puntos donde saben que hay alguien que pueda necesitarles, a pie de calle o en las llamadas minichabolas, refugios improvisados hechos de cartón.
Fernando Sánchez es una de las personas a las que atienden. Resume con una frase la dureza de dormir a la intemperie, los cartones duelen mucho, dice. Su testimonio refleja lo que enfrentan quienes duermen sin techo, sobre todo cuando las temperaturas superan los 40 grados en pleno verano.
En una ciudad donde el calor puede ser un riesgo real para la salud de quienes viven en la calle, este grupo de vecinos representa un alivio semanal para varias personas en situación de vulnerabilidad, gracias únicamente a la solidaridad vecinal.
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