La aldea de Almonte no tiene solamente el Rocío. Este junio se celebra también la Saca de las Yeguas, una tradición centenaria en este municipio onubense que suscita mucho interés popular y que coincide con la Feria San Pedro, las fiestas patronales cuyo origen está en la antigua feria ganadera de este pueblo de Huelva.
Es un acontecimiento ganadero que genera gran expectación por la espectacularidad de los animales en el ambiente crepuscular y místico de la aldea. De esta manera, ha devenido en fiesta por su espectacularidad. Se trata además de una tradición incluida en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía.
Entre 1.500 y 1.600 cabezas de ganado
La Saca de las Yeguas la organiza la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño en colaboración con el Ayuntamiento de Almonte. El evento ancestral de este viernes 26 de junio atrae a miles de personas a Almonte.
Los ganaderos de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño trasladan entre 1.500 y 1.600 cabezas desde las marismas de Doñana hasta el municipio de Almonte, adelantando este año el paso de las tropas por El Rocío, con el objetivo de avanzar hacia el sesteo antes de que suban las temperaturas y proteger así tanto al ganado como a los propios yegüerizos.
Las yeguas han pasado aproximadamente a las 09.00 horas frente al Santuario de la Virgen del Rocío, uno de los momentos más especiales de la jornada, donde tiene lugar el acto de bendición y el rezo de la Salve al paso de la última tropa. Ya por la tarde, el ganado sale hacia Almonte por el Camino de Los Llanos y realiza su entrada en el municipio en torno a las 20.00 horas, organizado en once tropas, hasta llegar al Recinto Ganadero Huerta de la Cañada.
Tradición centenaria y emblemática
Se trata de una de las tradiciones más emblemáticas del municipio onubense, que comenzó a regularizarse por medio de una ordenanza del Duque de Medina Sidonia en 1504, aunque existen documentos del año 973 que ya datan a estas faenas ganaderas y a la figura del yegüerizo.
Ya existía la presencia de esta estirpe marismeña desde las invasiones de los distintos pueblos y culturas que se asentaron en torno al Lago Ligustinus, como los tartessos o los romanos. Durante el imperio romano, los caballos hispanos eran requeridos para las carreras de carros circenses, provenientes de las provincias de la Bética y Lusitania.
No será hasta el siglo X, bajo el dominio musulmán, cuando los cronistas, historiadores y viajeros del Al-Andalus nos hablen de la cría caballar en la Al-Mada’in (marismas), en la desembocadura del Guadalquivir. Se hacían las cubriciones de las yeguas y el cruce de la raza española y africana por disposición del Almanzor.
Un texto del historiador y escritor árabe, Isa Ibn Ahmad Al Ra-zi, nos arroja la primera referencia sobre el concepto de «saca», donde nos indica que las yeguas y potros de las Marismas del Guadalquivir llegaban cada año a finales de junio al palacio cordobés de Medina Azahara, causando admiración entre los caudillos árabes.
El aprovechamiento del ganado marismeño con fines agrícolas y militares se fue sucediendo a lo largo de la historia, bajo la ardua tarea de la figura del yegüerizo. Desde el punto de vista ecológico, la raza equina marismeña, por su feralidad, supone un integrante importante del equilibrio ecológico de una de las áreas protegidas más importante de Europa.



Síguenos en redes


