España ganó un 2 de julio de 1994 a Suiza por 3-0 con goles de Fernando Hierro, Luis Enrique y Txiki Begiristain. Aquel partido disputado en Washington será recordado por los ‹frikis› de los datos futbolísticos. 32 años después, la Selección también ganaba en Los Ángeles por el mismo resultado, tres a cero, a otro país alpino y vecino de los helvéticos como Austria con doblete de Oyarzabal y Pedro Porro.
La historia se repite más de tres décadas después con otro partido en EEUU en el que España desplegó un gran juego. Pero, ahora viene el dato de mal augurio para los de las cábalas y los que creen en las profecías. Así como hay muchos que se aferran a las coincidencias con 2010 (es lo bueno de buscar que casi siempre se encuentra), si se mira al anterior Mundial de Estados Unidos, del del 94, los presagios no son tan positivos para España.
De hecho, se podría decir que esta coincidencia de un 3-0 en la primera eliminatoria después del grupo indica que lo siguiente puede ser tan catastrófico como una camiseta blanca manchada de rojo. Sí, aquel codazo de Mauro Tassotti a Luis Enrique, ahora entrenador de éxito que salió de aquel partido de cuartos en Boston contra Italia llorando, con el tabique dañando y derramando una sangre que era la de la España futbolera.
Ahora, es cierto que el siguiente envite es de octavos, ya que el fútbol moderno de la FIFA ha creado su primer Mundial de 48 equipos y, por tanto, con dieciseisavos de final. Pero otra selección de un país con cultura y lengua latina como Portugal podría ser el verdugo de España como lo fue Italia en el 94.
Aquel 9 de julio está marcado en negro en la historia del fútbol español. Un momento icónico cuando el árbitro húngaro Sándor Puhl no sancionó un claro codazo de Mauro Tassotti a Luis Enrique en el área que hubiera sido la expulsión del italiano y el posible empate de España para forzar la prórroga en un partido que acabó 2-1 y en llanto hispano. Por cierto, Luis Enrique llevaba el dorsal 21 como ahora el héroe Oyarzabal. Para los que se agarran a las cábalas y a las estadísticas mirar 32 años atrás no es buena idea.



Síguenos en redes





