El fútbol no es tan solo la cosa más importante de las cosas menos importantes, las federaciones de este deporte y los eventos que rodean al balompié tienen un papel clave en el tablero de la geopolítica. Claro ejemplo ha sido el Mundial de EEUU, México y Cánada reciente con dos o tres momentos que siempre mueven la situación. Es por ello que en este nuevo chantaje de Marruecos en su siempre intensas relaciones con España hay como telón de fondo el Mundial 2030.
A la par que empezaba el trasiego masivo de jóvenes por la frontera del Tarajal, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, estaba rindiendo pleitesía al rey de Marruecos, Mohamed VI, en su 27º Fiesta del Trono. Entre ellos dos y el mandatario estadounidense, Donald Trump, forman un triángulo claro de poder y una alianza que no es particularmente favorable en esta pugna por cual será el país que organice la final de la Copa del Mundo de Fútbol en cuatro años.
En esta nueva propuesta de que eventos como Mundiales y Eurocopas se realicen entre varios países, España se unió a Portugal y a Marruecos cuando Luis Rubiales era presidente de la RFEF. Un socio de viaje el Reino Alauita que está demostrando que una vez Rubiales desactivado y con el avance del tiempo quiere discutir a España la preponderancia en un evento que para ellos significaría situarse en el mapa de un modo bastante significativo.
En la pasada Copa África ya demostraron el músculo constructor con unos estadios modernos que siguen perfilando pese a que llegaran algunas noticias de aquel evento sobre cuestiones en la que Marruecos sigue mostrando su cara de país no democrático. No obstante, el propio Mohamed VI presumía de estabilidad y seguridad esta semana durante la Fiesta del Trono y de fondo mandaba ese mensaje a España de que disponen de alianzas que le dan fuerza.
Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de la final del Mundial 2030, cuatro años en lo que visto lo visto en Ceuta esta semana o lo que ocurrió en 2021, seguro que el curso de los acontecimientos pueden dar numerosos giros. Pero que Marruecos no renuncia a ser el país estrella de dicho evento, a empequeñecer a España, como no renuncia a Ceuta y Melilla parece claro a ojos de cualquiera. El fútbol es a fin de cuentas más importante de lo que barruntaba Bill Shankly.



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