Uno de los temas de conversación que trajo el España-Austria de dieciseisavos de final no tuvo que ver con ningún aspecto futbolístico. Se trataba de la aparición del actor Javier Bardem en uno de los palcos del estadio, quien se presentó en el campo vestido de paisano. Para acallar estas críticas, el actor mostraba orgulloso la camiseta de la selección ante los portugueses en octavos, aunque se trataba de una réplica y no de una versión oficial de adidas.
Aunque a simple vista la camiseta sea muy similar a la original, los detalles de esta no dejan lugar a dudas. Además del rojo que impera en toda la equipación, la marca ha añadido para este Mundial finas líneas azules en forma vertical en toda la zamarra, unos detalles que no se aprecian en la del actor.
Mensaje conciliador de Bardem
«En esta España de colores tan vivos cabemos todos. Son los colores de la España plural y progresista que no teme a su propia diversidad, sino que la convierta en su mayor fortaleza», ha escrito Bardem en un mensaje en su cuenta de Instagram después de asistir al partido que se ha celebrado en el estadio Dallas, en Arlington.
Así, ha agregado que en España «todas las personas, con independencia de su origen, lengua, cultura, identidad sexual o creencias» pueden sentirse «parte de un proyecto común» que está basado en la igualdad, la justicia social y el respeto mutuo.
Defiende la diversidad de opiniones
Tras el gol de Mikel Merino en el añadido que ha dado el pase a cuartos a la ‹Roja› y que ha acabado con la historia de Cristiano Ronaldo en los Mundiales, el actor ha defendido que el «patriotismo más sólido» no consiste en «imponer» una «única forma» de entender el país, sino en trabajar para que todas las personas puedan «vivir con dignidad, libertad e igualdad de oportunidades».
«Esa es la España que merece ser defendida: una España abierta, inclusiva, cultural y socialmente fuerte y profundamente democrática», ha añadido para después asegurar que ser consicente de la historia, la riqueza cultural y la diversidad territorial no es una «amenaza».
«Ser progresista implica creer que el progreso social nunca está definitivamente conquistado. Significa defender una educación pública de calidad, una sanidad universal, el acceso a una vivienda digna, la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, la protección de las minorías, la lucha contra cualquier forma de discriminación y un modelo de desarrollo que sea compatible con la justicia social y la sostenibilidad ambiental», ha zanjado.



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