Mientras muchos buscan la sombra o el aire acondicionado, miles de trabajadores españoles pasan su jornada bajo un sol que cada verano aprieta con más fuerza. Obreros, repartidores, carteros, jardineros, barrenderos o camareros de terraza siguen desempeñando su trabajo a temperaturas que, en muchos puntos del país, superan los 40 grados, como es el caso de Granada.
La escena se repite cada verano. Botellas de agua vacías que se rellenan una y otra vez, gorras, toallas sobre el cuello, descansos improvisados bajo cualquier árbol y jornadas que parecen hacerse eternas. Para ellos, la ola de calor no es solo una incomodidad, es un riesgo laboral.
Trabajadores como Diego, un obrero que trabaja en Granada capital, transmiten la dificultad de trabajar en estas condiciones. Desde retrasos en el ritmo de trabajo hasta mareos y bajadas de azúcar son algunos de los efectos que las altas temperaturas provocan en los que no tienen otra opción que estar en la calle.
Consecuencias del calor extremo
El calor extremo tiene consecuencias directas sobre la salud. Puede provocar deshidratación, agotamiento, golpes de calor e incluso aumentar el riesgo de accidentes. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo -INSST-, durante los episodios de ola de calor los accidentes laborales aumentan un 17,4 %, lo que se traduce en más de 1.300 muertes al año en el país. Además, el organismo advierte de que las altas temperaturas reducen la capacidad de concentración, la coordinación y la destreza manual, incrementando la probabilidad de sufrir caídas, cortes o errores en el trabajo.
La exposición al calor es una realidad para millones de personas. El INSST también estima que más de 5,5 millones de trabajadores en España, el 26 % de la población ocupada, afirman estar expuestos a calor extremo durante su jornada laboral. Asimismo, alrededor de 3,8 millones trabajan bajo una intensa radiación solar, especialmente en sectores como la construcción, la agricultura, el reparto o los servicios urbanos.
La legislación obliga a las empresas a adaptar las condiciones de trabajo cuando las temperaturas supongan un riesgo para la salud. Tras la modificación de la normativa de prevención de riesgos laborales, las empresas deben reorganizar horarios, aumentar los descansos, facilitar agua potable y, si el riesgo es extremo y no puede garantizarse la seguridad, incluso suspender determinadas tareas al aire libre.
Sin embargo, la realidad no siempre coincide con lo que marca la norma. Dos repartidores en plena jornada laboral comentan que su empresa no les permite llevar siquiera pantalón corto y los horarios los mantiene igual que los del resto del año.
Este verano vuelve a poner a prueba esa situación. La ola de calor mantiene avisos por temperaturas muy elevadas en buena parte de España, con registros que han superado los 40 grados. El calor ya no es únicamente una cuestión meteorológica. También es un desafío laboral y de salud pública.



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