Lo ocurrido el pasado jueves en Ceuta tardará años en olvidarse. Las imágenes de miles de personas tratando de llegar a territorio español, la fractura social en la ciudad autónoma y la crisis europea por el Espacio Schengen han dejado fracturas en toda la nación. Además, los 72 fallecidos en las playas tratando de llegar a nado suponen la peor cifra en años, lo que refuerza la obligación de realizar una profunda reflexión sobre lo ocurrido por parte de los dos países afectados.
Mientras la Guardia Civil sigue buscando cuerpos en el espigón de la muerte, en el Tarajal de Ceuta, los españoles tienen mucha preguntas sobre lo ocurrido en las últimas 72 horas. Tres días que marcarán un punto de inflexión en la política y en la historia moderna de este país y en sus relaciones con Marruecos.
Aunque no hay documento ni declaración oficial que lo confirme, a nadie se le escapa este intento de demostración de fuerza de Marruecos sobre España. Un chantaje en toda regla que pilló fuera de juego al Gobierno español, que tardó en reaccionar y vio como 50.000 personas pasaron la frontera para luego volver de forma ordenada.
Y hay 72 cadáveres, muchos de ellos aún flotando. Una crisis humanitaria, política e institucional por la que este domingo dirigentes o líderes de la oposición aún siguen dando respuestas o sacando conclusiones de lo ocurrido que a nadie deja indiferente.
Los ceutíes mientras tanto se siguen llevando la peor parte de todo. Negocios cerradas, una ciudad sumida en el caos al igual que pasó en 2021, imágenes espeluznantes y hasta la Feria suspendida. Incluso, los cofrades y devotos de la Virgen de África, la patrona de la ciudad autónoma, llegaron a temer por no poder sacarla a la calle el 5 de agosto, aunque por suerte, sí podrán hacerlo.
Y por arriba, España, un país sumido en el desconcierto, con afrentas internacionales y sin saber muy bien si se puede contener a una diplomacia como la marroquí que nunca renunciará a Ceuta y Melilla.



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