Ángel Víctor Torres ha elegido un ejemplo cotidiano para opinar sobre el asunto que ocupa estos días a José Luis Rodríguez Zapatero. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática ha puesto en el mismo plano las joyas que el expresidente dice que le obsequió el monarca saudí y el lote de dulces, quesos o vinos de la tierra que a menudo acaba en manos de un alcalde, un consejero o un diputado.
La comparación llegó en una charla con La Radio Canaria. En ella, el titular del ramo evitó valorar el fondo del caso y dirigió el foco hacia otra cuestión: la ausencia de un criterio único sobre qué obsequios pueden aceptar quienes ostentan un cargo y qué deben hacer con ellos.
Un hallazgo en la caja fuerte
Para entender la polémica hay que ir al juzgado. Allí, el que fuera jefe del Ejecutivo entre 2004 y 2011 ha declarado que las piezas localizadas en la caja de seguridad de su oficina fueron un presente del soberano de Arabia Saudí de aquel momento, entregado cuando este viajó a nuestro país en 2007.
Esa explicación es la que ha encendido la discusión pública. A juicio de Torres, el episodio plantea una pregunta que va más allá de un nombre propio: qué ocurre con los detalles que llegan a los políticos por razón de su puesto.
Torres pide que las normas sobre obsequios sean las mismas en cualquier institución y que todos los cargos rindan cuentas
Una misma regla para todos
La propuesta del ministro pasa por unificar las normas. Hoy cada institución se rige por sus propios códigos, y Torres aboga por un marco compartido que dé seguridad a todos. En sus palabras, se trata de «regular todas estas cosas, que sean iguales para todas las administraciones y que haya transparencia por parte de todos los representantes públicos».
El ejemplo de la cesta
Para ilustrar su postura, el dirigente socialista planteó una situación sencilla, de las que se repiten a diario en la vida institucional. «¿Qué ocurre si le regalan una caja de productos típicos a un representante público para que los deguste?», preguntó en antena.
Acto seguido lanzó otra cuestión, «¿Qué hay que hacer al respecto?», y pidió que la respuesta se construya «entre todos, sin populismo».
El ministro evita aclarar si habría aceptado un presente así y se limita a pedir una ley común
Una pregunta sin contestar
La entrevista tuvo también un momento más incómodo. Cuando se le preguntó sin rodeos si él habría conservado unas alhajas como las del expresidente, Torres esquivó una contestación clara y volvió a su argumento principal: hace falta una norma.
El ministro prefiere no adelantar conclusiones. Ha recordado que el caso sigue abierto en los tribunales y que los pormenores solo se conocerán cuando termine la instrucción. Su deseo es que todo este proceso deje una lección útil y sirva para que algo parecido no se repita en el futuro.


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