La normalización del fango es que la sociedad se haya acostumbrado a que un ministro de España hable desde el Twitter peor que de la barra del bar o desde una esquina en la que se trapichea. Ya quisiera parlamentar con la clase que se conversa en las tabernas o en la calle. Que haya más de uno y más de dos cargos públicos que haga política a golpe de tuit (malo).
Que se acose o difame a periodistas e, incluso, a civiles de otros oficios con exabruptos y palabras malsonantes cuando no se pone algún mote o se tira de chascarillos que dejan a la altura del betún al que los dicen. Lo que dice Juan de Juanillo dice más de Juan que de Juanillo asegura el refranero.
Y en todo esto hasta llegar al tercer párrafo no hacía falta mencionar al que se lleva la palma y es el campeón mundial de las groserías y los desbarres: el ministro socialista de Transportes, Óscar Puente, se lleva la palma. ¿En qué momento la sociedad española en su conjunto se dejó de ruborizar por un político que constantemente utiliza el tono abusón para desmentir informaciones periodísticas?
No es nueva la historia pero no por ello sorprende menos. Sobre todo cuando hay gente que le ha llegado colocar en la línea de sucesión de Pedro Sánchez. Puente, al que mucha gente alaba su constancia en redes para vender las bondades del Ministerio y el trabajo que hace para empaparse de la parte técnica de su cartera, podría decir lo mismo sin que suen como si estuviera en el ring.
Ketty Garat, en la diana permanente de Puente
Hay pocos periodistas o medios que no hayan recibido las andanadas trumpistas de Puente. Al político de Valladolid no le basta con refutar informaciones o contextos con un «es mentira», «esto no es así», «se ha equivocado» o «le pido que rectifique», sino que su forma de hacer política siempre tiene que ser la de poner a periodistas y medios en la diana para crear un marco exacto. Como si su trabajo fuese el der un tuitero como Fonsi Loaiza pero con corbata y desde un despacho ministerial.
La periodista de investigación Ketty Garat, que ha fichado por el periódico ‹ABC› desde el diario digital The Objective («The Ojete» según el TM de Puente) es una de las que está en el centro de las dianas. Seguro que a muchos españoles esta comunicadora no le cae bien, no comulgan con su periodismo y hasta ven un sesgo en muchas de sus noticias con el que no están de acuerdo.
Pero claro, hay formas y luego está Óscar Puente. Un compañero de profesión como Rodolfo Irago señalaba lo siguiente: «Imaginemos un ministro del PP diciendo lo mismo de una o un periodista de la Cadena Ser, digo la Ser porque es donde trabajé. Se descalifica solo». Unas palabras que recogían un comentario en X de Óscar Puente en el que decía «para este tipo de mierdas ficharon a Ketty. Menudo upgrade el de ABC», como si en vez de ser un ministro fuera un bot de esos con avatar falso o un adolescente usando tacos y anglicismo para reforzar su discurso.
«Ketty ha venido desde TheOjete™️ para aportarle a ABC lo que le faltaba para ser panfleto premium», decía hace unos días cuando el veterano periódico informaba de que Sánchez había previsto unas segundas vacaciones en Andorra para montar en bicicleta. En realidad, este tipo de comentarios de Puente contra Garat y otros periodistas a los que considera conservadores viene de muy lejos.
Que vuelvan las caretas
Por desgracia, el ejemplo de Puente no es el único pero sí el más exagerado. De hecho en el «otro bando» los hay quienes usas expresiones como «palante» o «chao pescao» sin un mínimo de rubor.. Cierto es también que en el oficio periodístico hay ejemplos también de personas que dejan bastante que desear.
Hace unos años hubo una corriente social en la que mucha gente demandaba una política más fresca reclamando más espontaneidad y sinceridad a los que se dedican al oficio del servicio público. Cierto es también que en el oficio periodístico hay eje
Años más tarde visto lo que pasa con Trump, con el nuevo presidente de Colombia o con el propio Puente, habría que decir que mejor se vuelvan a poner las caretas e impere relativamente el buenismo y las formas. Tendamos puentes en lo medida de lo posible.



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