Un sonido se cuela en el bullicio de todos los días en los pasillos del Clínico San Cecilio. Es viernes y no se trata del pitido habitual de las máquinas que acompañan a los pacientes en el hospital. Tampoco el paso acelerado de los sanitarios que, de un lado a otro, tratan de ofrecer la mejor atención posible, aunque hay también quien corre para dejarse deleitar. Es algo distinto, que despierta la ilusión en pequeños y mayores al compás con que dibuja una sonrisa: música.
Todo viene de la sexta planta. Allí, Dani acaricia las teclas de un piano en pleno pasillo. Sí, sí, un piano en medio de la sala de hospitalización pediátrica. En los asientos de la sala de espera, todo son niños, con el brillo del entusiasmo en la mirada. Es todo un concierto que tiene lugar cada semana en el centro hospitalario granadino, para rescatar a los pacientes pediátricos y de la UCI de la incómoda rutina de un ingreso. Se trata del proyecto Sinfonendo, desarrollado por el Conservatorio Ángel Barrios, que cada semana saca la música del auditorio y la lleva directamente a las habitaciones del Clínico San Cecilio.
Entre el público, alguno de los más pequeños se tapaba la cara para teletransportarse con la música de Dani, uno de los jóvenes músicos. «Yo estaba en la montaña», expone uno. Otro, equipado con su camiseta de la Selección Española, afirma que se veía «jugando al fútbol». «¡En un bosque! ¡Yo, en el río!», abundan. Al fondo, Marián Munilla lo observa todo. Es la directora del proyecto, que se lleva desarrollando 14 años en residencias de mayores, centros de acogida o espacios similares. Desde hace un tiempo, también el hospital.
El proyecto
«Propuse al equipo directivo trasladar conciertos que hacemos allí constantemente, lo que se queda en un auditorio, que es muy agradable. Que la música fuera una terapia, más que solo un entretenimiento o una profesión, como en nuestro caso», relata la directora del proyecto. «Nada más empezar, nos dimos cuenta de que no solamente era muy bien recibida por parte de los pacientes y el personal sanitario, sino que había un efecto terapéutico dentro de los pacientes», sostiene. Fue entonces cuando los jóvenes músicos intensificaron su presencia, con conciertos semanales cada viernes.
Ya hay por ello dos pianos en el Clínico San Cecilio, que aguardan a la llegada de Sinfonendo todas las semanas para dejar que fluyan las notas que cambian la estancia de los pacientes. Uno está en la sexta planta, la de hospitalización pediátrica; el otro, en la UCI. La misión, incide, es que los pacientes «puedan disfrutar de un concierto donde ellos no pueden ir». «Hay un doble efecto, porque la música tiene un beneficio muy potente para la salud. Son cosas que ya se han investigado, no las hemos descubierto nosotros, sino que hay un trabajo científico sobre el efecto de la música en muchas áreas del cerebro y la salud humana», asevera Marián Munilla.
Paula y Sandra toman el relevo al piano. Los pequeños sonríen, dan palmas y continúan imaginando. La música, en ese momento la de Mecano, empleada como terapia. Una suerte de tratamiento emocional que, según subrayan desde el centro sanitario, funciona. Desirée Cerezo no puede evitar sentarse un ratito junto a Itziar García para disfrutar del espectáculo. «Contamos desde hace tiempo con la colaboración de Sinfonendo», apunta la enfermera coordinadora de la sala de hospitalización pediátrica. «Vienen de forma periódica y aportan canciones de piano actuales, clásicas… Cosas que entretienen mucho a los niños que tenemos», afirma.
«Aportan alegría, un poquito de evasión del día a día de hospitalización, que los chiquillos llegan ya aburridos y no sabemos ya qué hacer para entretenerlos», sonríe Cerezo, quien recuerda que «la música es un tratamiento muy efectivo para mejorar y que avance más rápidamente la recuperación, tanto en niños como en los adultos». A los pacientes, subraya, «les encanta». «Siempre están esperando que haya una cosa de estas. Hacen que salgan de esa rutina y de ese día a día diferente, que vuelvan a ser niños», puntualiza.
Emoción y satisfacción
«¡Qué bonito, la Virgen!», se le escapa al padre de uno de los pacientes. Delante, una niña se levanta emocionada y abraza a su madre, sin poder contener las lágrimas. La voz de Juanvi le ha acariciado el alma. «Ha sido una experiencia única. Nunca había utilizado la música para ayudar a la gente, pero me doy cuenta de que a veces, simplemente con escucharnos, les aliviamos y hacemos que pasen mejor el rato», expone el joven artista. «Debe de ser estresante estar ahí, todo el día acostado, nada más que escuchando el sonido de las máquinas. Supongo que les habrá alegrado escucharnos», se encoge con naturalidad.
«Es algo muy emocionante. Que nosotros vayamos a tocar les alegra mucho el día», agrega su compañero Dani, que no oculta su sonrisa. «Ver a la gente feliz es algo que me encanta», justifica. A Paula también se le ha quedado grabado. «He visto cómo la gente se emocionaba y me ha hecho mucha ilusión que a haya gustado cómo hemos tocado», exterioriza.
Sandra, no con menos emoción, reconoce que ha sido «una experiencia muy bonita ya que no todos los días se puede ver lo que hay detrás de un hospital y tocar obras para que la gente se despeje un poco siempre viene bien». «Cuando toco, me despejo, no se escuchan otras cosas… Ahí abajo, todo el mundo está pendiente de ti y se olvida de lo que le está pasando», afirma. Sus notas, al menos por un ratito, llenan el hospital de alegría.
«¿Con qué os apetece que acabemos?», plantean antes de bajar el telón. «¡Con un temazo de Juanvi!», pide Elena sin titubear un segundo. Y Juanvi vuelve al piano para interpretar ‘De pedacitos de ti’ antes de marcharse con las partituras en la mano y el corazón henchido. Hasta la semana que viene, claro.



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