El sol va cayendo sobre el recinto ferial de Granada y, junto a la portada, Elena y Cristina se hacen un selfie. No quieren que se les escape el momento y basta un vistazo para entender por qué. La primera va de morado; la segunda, de negro, con detalles en azul pastel, para cumplir con una costumbre sempiterna. No son las únicas. De lunares, con volantes, con mantón… de todo tipo, pero de flamenca. La tradición no se pierde en el Corpus, que se llena de vestidos de gitana para aderezar la feria con un poco de color y mucho arte.
«A mí siempre me ha gustado vestirme de gitana, desde chica. Siempre me han vestido mis padres. Además, hemos ido a romerías, al Corpus… Estoy deseando siempre que llegue para poder ponerme el traje», relata Elena. «Hay que ir siempre tradicional», agrega, aunque no basta con eso. «Hay que ir bien conjuntada siempre: pelo, accesorios, vestido…», precisa, a pesar del calor. «No puede faltar el abanico», argumenta su amiga, aunque en realidad, se le queda corto. «Te metes en una buena caseta con aire y un buen rebujito, que no falte», resuelve.
Rosario camina apurada, porque a su vestido negro de lunares blancos y rojos le falta el mantón, que se quedó en una caseta. «Hay que venir así, porque durante todo el año te vistes como tienes que vestir. Pero un día así, aunque lo tengas de muchos años, hay que venir así. Te pones unos pendientes y una flor y ya cambia», puntualiza. «Somos granadinos y tenemos que disfrutar nuestra feria, nuestro arte», sentencia, antes de empezar a danzar. «¿Quieres que te baile?», se invita, integrante de un coro flamenco. Pero se despide rápido. «Voy a beberme un cubatilla, ¿puedo?».
Al otro lado, Ana todavía jadea. «Salgo del trabajo a las 14.30, voy escopetada a la casa, me cambio y vengo para acá. Todos los días llego aquí a las 15.30 largas. Pero vamos, si no te vistes en feria, ¿cuándo te vas a vestir?», incide. Y, claro, a su argumento no le falla la lógica. «El mes de agosto es muy incómodo para ir de feria». Pertenece a la caseta de la Peña Los 17, como su amiga Mónica, que también tiene claro que «hay que venir vestida de flamenca». «Yo me levanto, me pongo la flor, me ducho, me pongo la flor y el traje. ¡A la feria!», apostilla.
«Todo el año se piensa en el Corpus de Granada»
De la caseta La Exploraora salen Martina y Lucía, también vestidas para la ocasión. «Se pasa calor, pero se está bien, es agradable. Vamos muy guapas siempre, así que está bien», exponen. Llevan meses preparándose para la ocasión. «Los pendientes, la flor, las peinetas y demás llevamos comprando pendientes, la flor, las peinetas y todo desde febrero. “Se necesita tiempo para ir perfecta. Todo el año se piensa en el Corpus de Granada», sostienen. Porque sí, a su modo de ver, «la actitud es lo más importante», y a ellas les sobra.
Dentro de la caseta, Marta lo vive «con mucha emoción». Sobre todo, porque todas las miradas apuntan hacia ella. «Los turistas y todo me han pedido hasta fotos viniendo para acá», narra, convencida de que «el traje puede estar muy bonico, pero la percha es la percha». «Hay algunas que lo llevan mejor que otras», ríe su amiga, que también se llama Ana. «Es algo muy nuestro, muy andaluz, muy granadino, muy nosotras», abunda. Ella lo tiene claro, «si no te vistes de gitana, te falta ese piqueteo, esa salsa».
Entretanto, un grupo de señoras se baja del carro de caballos. «Venimos de gitana, a pasarlo bien, con nuestro carro de caballos y nuestro vestido, la ropa que hay que traer. Tenemos unos mantoncillos hechos por una amiga que es un primor, ¡hechos a mano!», explica Brígida. La artista fue Rosa. «No se puede venir a la feria sin mantón, flores ni alegría. Eso no puede faltar. Hay que llevarlo y saberlo llevar, que es lo importante. Es lo más bonito que hay», sentencia, en lo que la luz solar va adquiriendo toques dorados. Como el Corpus, que poco a poco se va apagando.



Síguenos en redes
