Hubo, seguro, más de un aficionado que este sábado se debatió entre disfrutar del paso de los mejores ciclistas del mundo por la ciudad de la Alhambra o acudir a su cita semanal en Los Cármenes. Sabia elección tomó quien se decantara por los pedales. Se perdió cómo el Granada estrenó al Albacete entre bostezos, en un encuentro soporífero, toda una deshonra al sobrenombre de la liga de las hipertensiones. Lo agitó Owen, el alumno aventajado de Pacheta, al poco de la reanudación, aunque a los suyos les sirvió de poco. Higinio, ya en los últimos latidos del duelo, lo neutralizó en un penalti riguroso. Sonrieron los manchegos, amargo el regusto en el paladar rojiblanco.
El partido, a decir verdad, estuvo para no verlo hasta que Owen sacó la liebre de la chistera. Fue una oda al antifútbol, interpretada entre algún ronquido de los hinchas que, en una decisión casi masoquista, escogieron ir al campo en lugar de dejarse caer por donde pasaba La Vuelta. Por momentos, una suerte de duelo de futbolín, con dos escuadras muy estáticas, grilletes en los tobillos y ninguna mala intención. Poco peor les habría ido a los arqueros si, como en el juego, no hubieran podido usar las manos.
Ficha técnica:
Granada CF: Raúl Lizoain; Sergio López, Manu Lama, Benedikt Gimber, Diego Pampín (Angelo, min. 60); Rubén Alcaraz, Gerard Gumbau; Owen Emeka (Rodelas, min. 70), Pedro Alemañ (Chinaza, min. 60), José Arnaiz (Jorge Pascual, min. 80); y Alejandro Marqués (Gambín. min. 70).
Albacete Balompié: Carlos Marín; Lorenzo Aguado, Javi Moreno, Lluís López, Carlos Neva; Albarracín (Fran Gámez, min. 82), Sergio Ortuño (Higinio, min. 64), Javi Villar (David Bernabéu, min. 64), Corpas; Agus Medina (Pacheco, min. 64) y Mario Soberón.
Goles: 1-0: Owen Emeka, min. 50; 1-1: Higinio, de penalti, min. 81.
Árbitro: Daniel Palencia Caballero, del comité vasco. Amonestó al local Pedro Alemañ, así como al visitante Javi Villar.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 5ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes, ante 13.251 espectadores.
Desde el inicio se vio que un polvorón sería más fácil de tragar que el encuentro, con errores en ambas trincheras, aunque el Albacete sí pareció sentir la necesidad. Soberón pilló un balón muerto en el área y lo estampó en el lateral de la red, atento Pampín para molestar. El punta cruzó luego un balazo raso al poste en un ataque relámpago, con los rojiblancos aletargados. Pacheta tomaba notas y se desgañitaba, tal vez implorando a las musas que alumbraran a sus pupilos, pero a los chaveas no se les encendía esta vez la bombilla.
Apenas algún envío lateral hacía trabajar a la zaga manchega, cómoda sin Chinaza sobre el verde. Tampoco los huéspedes hacían mucho por inquietar al Granada, que pretendía levantar cimientos con barro. Corpas recibió con espacio y mala intención, permisivo Pampín hasta que pudo forrar la intervención de Lizoain en dos tiempos. Más tarde, Arnaiz dejó atrás un servicio que Alcaraz descosió, ágil Carlos Marín para repeler el peligro. Ortuño, ya cuando las miradas se iban hacia el túnel, apretó el gatillo tras un centro de Albarracín, desviado.
Owen reescribe el guion, con giro inesperado
Regresaron los contendientes sin que hubiera cardiólogo que se precie capaz de prohibir a alguien consumir semejante somnífero, pero a Owen Emeka ya le hervía la sangre. El joven salió del vestuario con boli y típex, dispuesto a reescribir el guion, y lo hizo por puro tesón. Recogió en el área un centro pasado de Pampín, peinado por la muralla manchega, y se deshizo de Agus Medina a trompicones. Carlos Neva saltó decidido a robarle hasta el aire que respira y recordarle quién mandaba en esa banda de Los Cármenes antes de que él asomara por el primer equipo, pero el cañón disparó antes de que pudiera cerrarle el hueco, directo a la red.
El gol animó a los de franjas, que desde la distancia intentaron asegurar los puntos. Rubén Alcaraz y Gumbau calibraron sus tobillos, en lo que al choque se le iba abriendo una fractura peligrosa. Pacheta reclutó a Chinaza y Rodelas, dinamita para hacerlo saltar definitivamente por los aires, y su primera intervención acabó en la jaula, pero el balón se le había ido fuera del campo al ariete antes de servir el gol. El Granada desplegaba las alas; el Albacete, en cambio, se escondía. Nadie vio venir el plot twist.
Se escapó Lorenzo en una aventura por las dependencias de Lizoain y Arnaiz, en el forcejeo, le trastabilló. No pareció nada, pero Palencia Caballero recibió una invitación a ver la repetición. Higinio retó con la mirada al arquero, como en el viejo oeste, y sacó más rápido el revólver, vida extra para Alberto González.



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