Málaga pierde al autor de una de las esculturas más reconocibles de su litoral. Miquel Navarro, creador de la ‘Palera’, la mole de hierro de 26 metros que se levanta en el paseo marítimo Antonio Machado desde 2002, ha fallecido este domingo, 1 de noviembre, a los 81 años en su domicilio de Mislata (Valencia). Nació allí en 1945 y vivió siempre en esa localidad.
Navarro está considerado una de las figuras clave de la llamada ‘Nueva Escultura Española’. Su obra forma parte de algunos de los museos más importantes del mundo. Su muerte llega apenas cuatro meses después de que abriera al público su propio museo, en el viejo estudio donde trabajó durante más de cuarenta años.
El Ayuntamiento de Mislata ha lamentado la pérdida en un comunicado difundido en redes sociales, en el que lo recuerda como referente cultural del municipio.
Su firma en Málaga
La ‘Palera’ mide 26 metros de altura y supera las 30 toneladas de hierro. Su nombre tiene una explicación curiosa: lo que en Málaga se conoce como chumbera, en muchos pueblos de Valencia se llama ‘figuera de pala’ o ‘palera’. Así lo recordaba la propia Fundació Miquel Navarro en sus redes sociales. Según la fundación, gracias al escultor los malagueños se han familiarizado con ese término valenciano.
Lo que en Málaga es una chumbera, en Valencia se llama ‘palera’. De ahí el nombre de la escultura de 26 metros
La fundación destaca también que la obra parece dialogar con las viejas chimeneas fabriles que salpican ese tramo del litoral, herencia del pasado industrial de la zona. Según la misma publicación, esas siluetas le recordaban a Navarro su infancia en Mislata.
Su relación con Málaga no se quedó en la calle. El Centro de Arte Contemporáneo (CAC Málaga) le dedicó entre el 16 de diciembre de 2022 y el 5 de marzo de 2023 la retrospectiva ‘Miquel Navarro. Dominio y sueño’. Reunió casi 40 trabajos fechados desde 1984 que permitían recorrer buena parte de su trayectoria.
El CAC Málaga le dedicó en 2022 la retrospectiva ‘Dominio y sueño’, con casi 40 trabajos de su trayectoria
De pintor a escultor
Navarro se formó en la Escuela de Bellas Artes de València y empezó pintando. Desde 1972, la escultura pasó a ocupar el centro de su trabajo. Nunca abandonó el dibujo y, ya en su etapa más reciente, incorporó la fotografía.
El salto internacional llegó en 1980, cuando participó en la colectiva ‘New images from Spain’ del Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York. Seis años más tarde obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas. En 2008 sumó el Premio Julio González, entre otros reconocimientos, y fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Hoy sus piezas están en los fondos del Guggenheim neoyorquino, el Centre Pompidou de París, el Reina Sofía de Madrid y el IVAM valenciano.
Ciudades en miniatura
Si hay un sello inconfundible en su carrera son sus ciudades. A partir de 1973, Navarro empezó a levantar instalaciones hechas con cientos de pequeños módulos de materiales diversos. Colocados sobre el suelo, dibujan paisajes urbanos en los que conviven formas fabriles, agrícolas y geométricas. Quien las contempla tiene la sensación de sobrevolar un mundo a escala reducida.
Ese diálogo entre escultura y arquitectura acabó saltando al espacio público, como ocurrió en el paseo marítimo malagueño. En València firmó varias piezas que los vecinos han hecho suyas, como la apodada ‘Pantera Rosa’ o el ‘Parotet’, dos de sus trabajos más populares.
Sus ciudades a escala, hechas con cientos de pequeñas piezas, son el sello más reconocible de su obra
Un museo en su taller
En los años ochenta, Navarro compró una antigua nave de droguería en la Morería, el barrio histórico de Mislata, y la convirtió en su estudio. Allí ideó y construyó gran parte de su obra, en especial las piezas de grandes dimensiones.
Ese mismo edificio abrió sus puertas como museo el 25 de junio de 2026, tras cuatro años de obras. La reforma respetó la estructura original: techumbres, paredes y otros elementos que conservan el aire fabril del inmueble.
El centro suma 980 metros cuadrados en dos plantas. Tiene una sala para parte de los fondos permanentes, otra para sus trabajos de videoarte, una biblioteca, un espacio de muestras temporales y un patio al aire libre.
Más de 400 obras
Los fondos proceden de una donación del propio escultor: 81 esculturas, 83 fotografías, 51 acuarelas, 53 serigrafías, 9 pinturas, 43 dibujos, 7 collages y más de 25 carteles, junto a películas y documentales.
El artista explicó en la inauguración el sentido del proyecto. Quería que su obra «esté reunida, que no esté perdida y que se puede hacer una lectura coherente», a salvo de ventas o subastas que la dispersaran en colecciones privadas.




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