El tatuaje almeriense más estándar es el Indalo, el símbolo de la provincia por excelencia: una figura humana estilizada con los brazos extendidos que sostiene un arco sobre la cabeza. Un habitante de esta tierra también puede tatuarse un David Bisbal o un risco de un acantilado de una playa de Cabo de Gata. Porque un invernadero está feo.
No obstante, un fotógrafo almeriense ha decidido darle la vuelta a todo y coger el que para muchos es el auténtico símbolo de Almería: un plato de migas. La comida que en todos los puntos del Oriente andaluz se come en los días de lluvia y que normalmente en los sitios costeros se hace con harina de sémola y ya a partir de ahí el acompañamiento es libre: boquerones, sardinas otro tipo de pescado, chorizos, pancetas, morcilla, pimientos asados…
Con la estética de la vajilla
El almeriense Adrián Sánchez, que ya tiene tatuado el indalo, ha optado por tatuarse el plato de migas que le hace su madre, con la estética de la vajilla incluida. Un diseño que ha sido celebrado en redes por los autóctonos.
Ante las críticas por la composición de estas migas, ha puntualizado lo siguiente: «Varias cosas que aclarar para los expertos en migas. No son sardinas, son boquerones y en Almería las acompañamos así, incluso con melón o uvas. Las migas sí llevan morcilla. Al menos, aquí en Almería, si en otro sitio os la coméis sin nada, lo siento mucho».
También ha sido muy celebrado esta tatuaje de carácter identitario, ya que las migas son de los platos más almerienses que hay, ligados al invierno, a los días de lluvia y a reunirse en familia alrededor de la sartén. Llevarlas en la piel es un homenaje a tus raíces sin caer en lo típico. Además, a escasos metros está combinado con el indalo.




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