Faltaban diez minutos para el final del partido y el malaguismo ya marchaba a casa, algunos incluso sin ver el tercero del Villarreal. Ni siquiera ponerse por delante por primera vez en toda la temporada le sirve al Málaga para ganar. Y esta vez, completamente desbordado, sacó a flote al submarino amarillo, que pega un salto para dejar atrás la zona roja. Se las prometían felices los de Funes con el tanto de Dotor, madrugador en un contragolpe. Acabaron hundidos.
Lo cierto es que casi desde la misma celebración malaguista cabía preguntarse si aquello era un espejismo. No solo porque el cuadro blanquiazul iba por delante en el marcador, nuevo contexto para los chavales de Funes, sino porque en realidad los de casa jugaban poco. Era el conjunto amarillo quien movía los hilos, eléctrico. Y sí, resultó ser todo una ilusión que Moleiro y Gueye fueron desvelando poco a poco.
Ficha técnica:
- Málaga CF: Alfonso Herrero; Carlos Puga (Ramón, min. 75), Recio, Galilea, Salinas (Rafita, min. 46); Izan Merino (Adrián Niño, min. 61), Carlos Dotor (Joaquín Muñoz, min. 61), Pablo Martínez; Juan Cruz (Dani Lorenzo, min. 46), Larrubia y Chupe.
- Villarreal CF: Gulácsi; Sergi Cardona, Renato Veiga, Pau Navarro, Alex Freeman; Santi Comesaña (Pape Gueye, min. 37), Saliba (Carlos Maciá, min. 80); Buchanan, Moleiro (Mouriño, min. 80), Ilias Akhomach (Mikautadze, min. 63); y Ayoze Pérez (Carlos Romero, min. 63).
- Goles: 1-0: Carlos Dotor, min. 12; 1-1: Moleiro, min. 40; 1-2: Pape Gueye, min. 45+2; 1-3: Pape Gueye, de penalti, min. 86.
- Árbitro: Miguel Ángel Ortiz Arias, del comité madrileño. Amonestó a los locales Salinas, Larrubia, Galilea, Ramón y Alfonso Herrero, así como al visitante Ilias Akhomach.
- Incidencias: encuentro correspondiente a la 6ª jornada de Liga en Primera División, disputado en el estadio La Rosaleda, ante 28.505 espectadores.
Así fue el partido
Muy pronto comenzó el Villarreal a insistir contra la trinchera malaguista, aunque todavía le daba al cuadro blanquiazul para responder en el ida y vuelta. Se giró de repente Larrubia en un truco mágico y descargó para la carrera de Juan Cruz, que escrutó el horizonte en busca de un aliado. Encontró un agujero en la malla amarilla y por allí apareció Dotor, convocado al toque de corneta. Golpeó bien el mediocentro, aunque el veneno se lo inyectó Pau Navarro al intentar taponar.
Vibró La Rosaleda con la diana, sin saber que acabaría temblando en otra velada de pesadilla, aunque tampoco tardó demasiado en descubrirlo. Se acularon los de Funes en lo que Íñigo Pérez ordenaba a sus tropas atacar por el flanco derecho, insistente Freeman. Le faltaba filo, aunque la grieta ya había sido detectada. El Málaga, en un abrir y cerrar de ojos, pasó de la sonrisa a apretar los dientes.
Herrero palmeó un zapatazo a ras de hierba de Buchanan y Ayoze intentó encauzar el rechace, demasiado cruzado. Ilias, a la tercera, giró la cadera para apretar el gatillo, bala de nuevo escupida por el arquero. Fue antes de que Salinas dejara KO a Santi Comesaña con una segada y Gueye entrara al césped. Ahí, todo cambió.
Ganó músculo y profundidad el submarino amarillo, que pronto se afiló con Ilias como cabecilla de las trastadas. Zigzagueó hasta la línea de fondo y sacó la bandeja de plata con el balón para que Moleiro degustara el jugo del gol. El balón castigó la red y el Málaga se deshizo como un azucarillo en el café.
Al descanso, por debajo en el marcador
A duras penas resistió seis minutos más. Porque los de Íñigo Pérez sacaron la escuadra y el cartabón para empezar a jugar de memoria, elásticos en las combinaciones. En una de ellas, ya en el alargue, Gueye exhibió zancada. Moleiro imaginó una línea de pase inexistente y Ayoze, en el área, cerró el círculo con el senegalés. La primera vez que el Málaga se ponía por delante en el marcador se convirtió en su primera remontada en contra en poco más de media hora.
Regresó Funes con piernas frescas, al campo Rafita y Dani Lorenzo, pero el Villarreal ya estaba en modo jugón y no había quien lo frenara. Freeman repartía juego como copas en la barra de una discoteca, pasador incansable. Conectó con Moleiro y el canario lanzó un ‘wingardium leviosa’ para hacer flotar la pelota. La cazó Ayoze en el aire, con Alfonso Herrero casi vencido, pero Recio, en un escorzo extraño, evitó el gol con el costado. No había, en cualquier caso, atisbo alguno de reacción malagueña.
Funes acudió a Niño y Joaquín Muñoz, dinamita para intentar reventar el partido, pero no había manera. Chupe sí logró girarse en el área, pegajoso Saliba, aunque disparó con la escopeta de la feria. La respuesta, en una carrera de Buchanan, hizo recorrer un escalofrío por toda el graderío de La Rosaleda al tiempo que el toque de Mikautadze se estampaba en el poste.
El duelo perdía pulso y al Málaga se le acababan las ideas, aunque tampoco brilló demasiado la bombilla en todo el duelo. Buchanan emprendió una última aventura y Carlos Maciá, que acababa de entrar, acarició con la punta de la bota para que el balón llegara a Carlos Romero. El lateral marcó, aunque en posición antirreglamentaria. Sin embargo, Herrero, en un intento de evitar el desastre, había derribado al mensajero. El guardameta retó con la mirada a Pape Gueye, que casi sonreía a once metros de él. No falló. Para entonces, el público se marchaba. A su espalda, el submarino terminaba de hundir a su equipo.
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