No es normal que un jugador de un filial como el del Málaga sea padre. Óscar González es uno de los que rompe el molde y, aunque no es el único en el equipo, sí que destaca su caso por la madurez que tiene dentro y fuera del campo.
El lateral del Atlético Malagueño no oculta la sonrisa al hablar de su hija Rocío, que afirma que es «muy buena»: «Al principio te cuesta, te choca porque tú eres muy joven y cargas ya con una responsabilidad que es tuya. Pero nada, te adaptas rápido. El mes, así algo liado, pero a partir del primer mes ya te sale solo».
El malagueño regresó a La Academia tras un periplo en el Atlético de Madrid, pero tuvo el infortunio de estar lesionado más de un año. Después de su calvario su vida cambió al ser padre y prácticamente a la misma vez debutó con el Málaga en pretemporada.
«Para mí es un sueño. Simplemente el hecho de entrenar en La Rosaleda, donde yo he sido recogepelota desde pequeño, es un sueño. Y cuando me dijo Funes que iba a jugar ya solo pensaba en ello. Lo disfruté, que era lo más importante, y una experiencia inolvidable», expresa el jugador del Malagueño.
Aunque aún no ha podido ir convocado con el equipo en Primera División, su mejor recuerdo es ese debut en pretemporada contra el Leicester: «Me dijo Funes que después de la tormenta salía el sol, que estuviera tranquilo, que iba a pasar. Y efectivamente, aunque no ves la luz, te agarras a una y vas y vas. Y fíjate, yo me tiré un año y pico desde mayo, que venía del Atlético, sin jugar un partido de fútbol, porque ni debuté con el filial en pretemporada, no hice ni un partido».
Su lesión impidió que aportase al equipo tanto en el año del ascenso como al curso siguiente en Segunda RFEF, donde el equipo acabaría perdiendo la categoría y confiesa que lo pasó mal: «Un bajón increíble, donde no veía la luz, te lesionas y estás a punto que te recuperas y te vuelves a lesionar y vuelves a lesionarte».
El lateral echó de menos muchas cosas en ese proceso: «Podría decir hasta prácticamente todo. Es verdad que el futbolista es muy egoísta, muy egoísta, y se olvida muy rápido de dónde viene y de lo que tiene. Pero el simple hecho de olor a césped, entrenar, estar un año y pico apartado de tu equipo es muy difícil. Es algo que aprendí un montón».
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