Sevilla volvió a demostrar este domingo que sus tradiciones religiosas también tienen raíces al otro lado del Atlántico. El Señor de los Milagros, una de las devociones más importantes de Perú, recorrió las calles del centro histórico de la capital andaluza acompañado por la comunidad peruana residente en la ciudad. Una procesión que trasladó hasta el entorno de la Catedral una tradición nacida hace más de tres siglos en Lima y que hoy continúa viva a miles de kilómetros de su lugar de origen.
La imagen partió de la parroquia de Santa Cruz, desde donde comenzó un cortejo marcado por el color morado, característico de esta devoción. Los hombres encargados de portar al Cristo vistieron hábitos morados con cordones blancos, mientras que numerosas mujeres participaron ataviadas con prendas del mismo color y mantillas blancas de encaje.
El incienso, las flores y el acompañamiento musical completaron una estampa poco habitual en las procesiones sevillanas. La celebración reunió elementos propios de la religiosidad andaluza con costumbres profundamente arraigadas en Perú, especialmente en la forma de portar la imagen y en la vestimenta de sus devotos.
Una forma diferente de llevar a Cristo por Sevilla
Una de las principales singularidades de esta procesión estuvo en la manera de trasladar al Señor de los Milagros. A diferencia de los pasos de buena parte de las hermandades sevillanas, llevados por costaleros bajo las trabajaderas, la imagen peruana fue portada a hombros por sus devotos, siguiendo la tradición de su país de origen.

El Cristo, representado en una pintura de la Crucifixión, procesionó enmarcado por una ornamentación dorada y acompañado de flores blancas y moradas. La composición reproduce la iconografía tradicional del Señor de los Milagros, con la Virgen María y San Juan Evangelista junto al Crucificado. El cortejo contó también con acompañamiento musical de inspiración andaluza, una muestra de cómo ambas tradiciones religiosas conviven en una misma celebración.
Entre los participantes figuró la Asociación Religiosa de Devotos del Señor de los Milagros de Sevilla, cuya fundación se remonta al 23 de junio de 2015. Su estandarte, bordado en tonos morados y dorados, incorporaba las banderas de Perú y España, reflejo de los vínculos que esta comunidad mantiene entre ambos países.
Originaria entre los esclavos africanos del Perú colonial
Para conocer el origen del Señor de los Milagros hay que remontarse al siglo XVII, cuando Lima formaba parte del Virreinato del Perú. La tradición sitúa el nacimiento de esta devoción en una comunidad de africanos esclavizados, donde un hombre de origen angoleño pintó una representación de Cristo crucificado sobre un muro. Aquella imagen acabaría convirtiéndose en uno de los símbolos religiosos más reconocidos del país.
La pintura original se conserva actualmente en el Santuario de las Nazarenas de Lima, centro de una devoción que cada mes de octubre congrega a numerosos fieles en las calles de la capital peruana.

Con el paso de los siglos, la veneración al Señor de los Milagros ha traspasado las fronteras de Perú. Las comunidades peruanas establecidas en diferentes países han mantenido esta celebración como una forma de conservar sus vínculos religiosos y culturales.
Sevilla forma parte de esa expansión. Desde hace más de una década, la asociación de devotos mantiene viva esta tradición en una ciudad con una profunda cultura procesional, pero donde también encuentran espacio otras formas de expresar la fe.
Una marinera peruana para cerrar la procesión
La celebración de este domingo no terminó únicamente con los actos religiosos. La jornada concluyó con una marinera, uno de los bailes tradicionales más representativos de Perú, que llevó el folclore del país andino hasta el corazón de Sevilla.

Este baile puso el cierre a una procesión en la que la música, la indumentaria y las costumbres peruanas compartieron protagonismo con elementos reconocibles de las celebraciones religiosas andaluzas.
La salida del Señor de los Milagros muestra así una faceta menos conocida del calendario religioso sevillano. Más allá de las hermandades históricas y de las procesiones vinculadas a la Semana Santa, existen otras devociones que han llegado a la ciudad de la mano de las comunidades migrantes.
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