Casi 140 años después de su naufrágio, el fondo marino de Marbella comienza a revelar nuevos detalles de una historia que quedó atrapada bajo las aguas. El pecio de Cabopino podría corresponder al Garigliano, una embarcación mercante italiana que se hundió en 1887 durante un temporal cuando navegaba desde Marbella rumbo a Buenos Aires. Los últimos trabajos arqueológicos han aportado nuevas pistas para avanzar en su identificación, aunque la investigación todavía no ha concluido.
El responsable de esta nueva etapa es el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), a través de su Centro de Arqueología Subacuática, que ha completado una campaña de quince días junto a la Universidad de Granada. Los investigadores han documentado hasta 34 metros visibles de la estructura del barco, cuyos restos permiten reconstruir parte de su arquitectura y las circunstancias en las que terminó hundido frente a la costa malagueña.
Las huellas de un naufragio
Uno de los hallazgos más llamativos se encuentra entre los restos de la carga. Los arqueólogos han identificado cuatro tipos de baldosas, tres de ellos vinculados a fabricantes del sur de Francia, además de tejas procedentes de Marsella. Estos materiales encajan con la ruta que habría seguido el Garigliano antes de emprender su travesía transoceánica.
Pero la investigación guarda otra pista de especial interés: 26 barriles localizados entre los restos del barco. La documentación histórica señala que el mercante transportaba cemento romano y algunos de estos recipientes podrían conservar todavía parte de su contenido. Los investigadores han tomado muestras para determinar qué esconden y comprobar si su composición coincide con la mercancía que llevaba la embarcación.
El mar todavía tiene respuestas
La posición en la que quedó el pecio también aporta información. El barco embarrancó con la proa orientada hacia la playa y una marcada inclinación hacia babor. Los investigadores consideran que el peso de la carga pudo contribuir a que los costados de la embarcación cedieran y acabaran desplomándose hacia el exterior.
Para documentar el yacimiento, el equipo ha empleado grabaciones en 360 grados y técnicas de fotogrametría que permitirán crear un modelo tridimensional detallado de los restos. También se han recogido muestras de madera y del revestimiento de cobre del casco para profundizar en el conocimiento de su construcción.
La investigación continuará en 2027 con nuevas inmersiones. Hasta entonces, las pistas recuperadas dibujan cada vez con mayor precisión la historia de un mercante que desapareció hace casi siglo y medio frente a Marbella. El Garigliano parece estar más cerca de recuperar su identidad, aunque el fondo del Mediterráneo aún conserva preguntas por responder.
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