Si juntas las palabras ‹Málaga› y ‹fútbol›, el 99% del mundo se remitirá al Málaga CF. Esto ocurre en todos los sitios del globo terráqueo, excepto uno. En 2017, cuando Nixon Sánchez y su entorno comenzaron a dar forma a un nuevo proyecto futbolístico en Santander, apareció una pregunta tan sencilla como cargada de significado: ¿Cómo llamarlo? La respuesta llegó desde casa. Su madre, natural de Málaga, Santander, Colombia, propuso bautizarlo como la tierra de origen de la familia. Así empezó la historia del Deportivo Málaga FC, un club que nueve años después de su nacimiento, sigue creciendo alrededor de una idea muy concreta: formar futbolistas, pero antes que nada, formar personas.
Sánchez había trabajado anteriormente en un club local de Girón, pero diferencias en el ámbito deportivo terminaron llevándolo a emprender su propio camino. «No es lo mismo ser entrenador a pasar también a ser presidente», explica. Había que aprender a gestionar un club mientras se construía. Y hacerlo prácticamente desde los cimientos.
Málaga, raíces familiares
El nombre no fue una casualidad, pero tampoco lo fue la inevitable comparación con el Málaga Club de Fútbol español. Sánchez conocía su existencia y reconoce que estuvo presente en su cabeza desde el principio. Los colores del Deportivo Málaga —azul, blanco y negro— alimentan además esa curiosa coincidencia. Incluso el naranja, color habitual en segundas equipaciones boqueronas, ha aparecido en su historia reciente.
Pero si hay algo que define hoy al Deportivo Málaga no es su nombre, sino su apuesta por el fútbol formativo. El club trabaja con niños y niñas de entre cinco y quince años y cuenta actualmente con cinco categorías —sub-7, sub-10, sub-12, sub-13 y sub-15— integradas en la Liga Santandereana de Fútbol. En total, alrededor de 70 u 80 jóvenes forman parte de esta estructura. A ellos se suma un equipo sénior que compite en la liga municipal de Piedecuesta.

Sánchez insiste en que el resultado no es el único marcador que importa. De hecho, en las categorías formativas prefiere hablar de goles, esfuerzo y compañerismo antes que de victorias: «La disciplina empieza mucho antes de que ruede el balón: llegar puntual, acudir con el uniforme correspondiente, entrenar durante la semana y aprender a convivir con las tres posibilidades que ofrece el fútbol: ganar, perder o empatar. Hay que saber aceptar también la derrota y también saber ganar».
Un proyecto que cotiza al alza
Y mientras los pequeños crecen, algunos ya han empezado a cruzar la siguiente puerta. Es probablemente el capítulo que más orgullo despierta en Nixon. Uno de esos nombres es Maoli Nazaret Osorio, nacida en 2007, que comenzó su formación en el Deportivo Málaga, pasó después por la escuela Sarmiento Lora de Cali y actualmente forma parte de la cantera del América de Cali, uno de los clubes más importantes de toda Sudamérica. La jugadora incluso ha tenido entrenamientos con el primer equipo.
No es el único caso. Sebastián Quirós, formado también en el Deportivo Málaga, se encuentra actualmente en Astros Fútbol Club de Cali, mientras que Justin Barón pasó por Bogotá Fútbol Club y continúa su desarrollo en las categorías inferiores del Atlético Bucaramanga. Son tres ejemplos de una filosofía que Sánchez resume de una manera sencilla: detectar el talento, buscarle una oportunidad y acompañarlo hasta donde sea posible. Después, como él mismo reconoce, llega la parte más difícil: «Mantenerse».
Camino de la década
Ahora el Deportivo Málaga mira hacia su décimo aniversario. Y Sánchez no quiere que sea una fecha más. Su objetivo para 2027 pasa por dar un salto competitivo y llevar a una de sus categorías a un torneo nacional. «Tengo la sensación y las ganas de meter un equipo a un torneo nacional», confiesa.
Hay, además, otro sueño que sobrevuela el proyecto. El Deportivo Málaga nunca ha tenido contacto directo con el Málaga CF, pero Sánchez no esconde que le gustaría tender algún día ese puente. Una conexión entre los dos clubes, sea cual sea la fórmula, tendría para él un significado especial. Y ahí aparece España otra vez: no solo como el lugar al que mira un club de cantera que quiere crecer, sino como un destino que forma parte de la propia historia de su presidente.
Sánchez sabe lo que significa cruzar el Atlántico para jugar al fútbol. Con 16 años viajó con el Atlético Bucaramanga a España para disputar una Villarreal Cup y regresó como campeón. Aquella experiencia, recuerda, le dejó marcado. Ahora, casi dos décadas después, espera volver. Y si puede ser a Málaga, mejor.
Síguenos en redes




