Roxana tiene 51 años y un mes muy complicado por delante. Ese es el tiempo que, según cuenta, ha ganado tras aplazarse el lanzamiento de su desahucio, previsto para el pasado martes 20 de octubre. Su mayor preocupación no es dónde dormirá ella, sino qué será de su hijo Nazareno, un niño de 8 años con síndrome de Down que depende de sus cuidados. Sin trabajo, sin recursos para afrontar el alquiler y sin una alternativa habitacional, esta madre pide ayuda urgente para evitar quedarse en la calle.
«¿Me van a dejar en la calle? Esa es mi pregunta», expresa Roxana con angustia. Su caso pone rostro a una situación de vulnerabilidad que, según relata, se ha agravado durante los últimos meses, mientras esperaba una respuesta de los servicios sociales.
¿Otra vez tener que empezar de nuevo?
Argentina de nacimiento y co9n nacionalidad española, Roxana llegó a España con sus ahorros y apostó por comenzar una nueva etapa. Para acceder a la vivienda tuvo que adelantar seis meses de alquiler, además de la comisión inmobiliaria y la fianza. En total, desembolsó alrededor de 8.500 euros. «Me quedé sin nada, porque absolutamente todo lo puse en la vivienda», recuerda.
Al principio pudo sostenerse, pero las dificultades laborales y la necesidad de atender a Nazareno complicaron cada vez más su situación. Ha trabajado en empleos de limpieza y hostelería, aunque encontrar un trabajo compatible con el horario escolar y los cuidados de su hijo no resulta sencillo. Ahora, sin empleo y con una deuda de vivienda que no puede afrontar, el margen se ha agotado.
«La respuesta es: no hay ayuda»
Roxana critica la demora en la tramitación de las ayudas y asegura que, pese a acudir a los servicios sociales repetidas veces, no ha conseguido una solución para evitar el desahucio, ya que ña respuesta que recibe es «no nos hables de desahucio que no podemos ayudarte con ello».
Explica que ha recibido apoyo para el comedor escolar y que Cáritas le proporciona alimentos y ropa para su hijo, además de acompañamiento en las gestiones. Agradece especialmente esa ayuda, pero insiste en que no basta para resolver el problema de fondo. «Seis meses para que me den una tarjeta monedero y para que me digan que mi solucitud no se tramitó porque cambiaron de empleado», lamenta, al referirse a la espera que denuncia para recibir asistencia. El lanzamiento judicial se ha aplazado un mes con la intervención de su abogado de oficio. Sin embargo, el tiempo corre y la incertidumbre continúa.
Una petición urgente para no acabar en la calle
Su reclamación se dirige al Ayuntamiento de Fuengirola, a la alcaldesa y a los responsables de los servicios sociales. Roxana pide que revisen su expediente y le ofrezcan un alquiler social que pueda pagar, así como un trabajo compatible con las necesidades de su hijo. «No quiero caridad, ni un pañuelo, quiero una solución de verdad», reivindica. No quiere que su historia provoque lástima, sino empatía y una respuesta concreta.
«Lo hago por él, me volví a España para drale un futuro digno de mi hijo», dice sobre Nazareno. Con un mes por delante y sin una alternativa asegurada, Roxana busca que su caso deje de ser un expediente pendiente y se convierta en una solución antes de que llegue el próximo lanzamiento.
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