Lolo Gómez ha subido ‘Al Cielo’ de 101TV para compartir su visión sobre la evolución del mundo del costal después de varias décadas bajo las trabajaderas. El que fuera costalero de más de 40 pasos ha realizado una profunda reflexión sobre los cambios que ha experimentado el mundo del costal; desde la pérdida de anonimato hasta el protagonismo excesivo de algunos costaleros y capataces. Su mensaje es claro: «Aquí el único protagonista es el que va arriba, el Señor o su Madre».
El ex costalero considera que quienes se ponen debajo de un paso deben limitarse a cumplir su función, sin buscar el reconocimiento público. Recuerda que cuando comenzó a sacar pasos en 1977, los costaleros mantenían una actitud mucho más discreta. Incluso cuando entraban en un bar acompañados de compañeros de mayor edad, los clientes se apartaban para dejarles pasar. Una imagen que, a su juicio, contrasta con la actualidad, en la que algunos buscan fotografiarse y hacerse visibles en cualquier lugar.
El costalero debe ser anónimo
Gómez defiende que el costalero debe mantener un perfil bajo también cuando sale del paso durante un relevo. Considera que su sitio natural está apartado de la procesión, buscando la ubicación de su siguiente relevo y evitando quedarse junto al paso contemplando su discurrir. En este sentido, critica la presencia de costaleros delante de los pasos, conocidos popularmente como «cangrejeros», una práctica que considera poco apropiada.
«Lo primero es que sea anónimo, discreto, que pase desapercibido, que no se le conozca», sostiene. También rechaza que algunos costaleros utilicen su presencia bajo las trabajaderas para exhibir su físico, especialmente cuando lucen sus cuerpos musculados y tatuajes con la intención de llamar la atención. «Me parece muy bien que tú estés fuerte, pero eso yo lo veo como una exhibición», afirma.
Otra de sus recomendaciones está relacionada con la preparación física. Lolo considera que los costaleros deberían someterse voluntariamente a un reconocimiento médico antes de comenzar los ensayos y la Cuaresma. También recomienda que los costaleros no beban alcohol durante la estación de penitencia ya que su combinación con el esfuerzo y el calor puede ser letal.
No todos valen para ser costaleros
El entrevistado también se muestra contundente al hablar de las condiciones necesarias para formar parte de una cuadrilla. «Los pasos no se llevan con la devoción», explica. A su juicio, una persona puede ser muy devota, colaborar durante todo el año con su hermandad y acompañar a sus titulares, pero eso no significa que esté capacitada para ser costalera.
«La persona honrada tiene que tener claro para lo que sirve y, si tú no sirves para costalero, acompaña a tus imágenes de nazareno o llevando un cirial o un incensario. No por eso vas a ser menos», señala.
Como ejemplo de la importancia de conocer las propias limitaciones, recuerda una igualá de la Lanzada a la que acudió después de haber dejado de sacar el paso. Allí, Ismael Vargas advirtió a los numerosos jóvenes presentes de que quizá debían comenzar formándose en otras cuadrillas antes de afrontar una cofradía tan exigente. «No os creáis que esto es un toro muy gordo», recuerda que les dijo.
El exceso de cambios
Otro de los asuntos abordados durante la entrevista fue la proliferación de cambios en la forma de andar de los pasos. Lolo reconoce que hay cuadrillas que ejecutan los cambios de manera extraordinaria, pero considera que su utilización constante ha provocado que pierdan el carácter excepcional que tenían anteriormente.
A su juicio, actualmente muchos movimientos están tan preparados y previstos que el público sabe de antemano lo que va a suceder. «Estamos perdiendo la espontaneidad, la sorpresa. La gente ya no aplaude porque sabe lo que va a pasar. Parecen las ‹Spice Girls› con tanto baile de un lado a otro», señala.
Lolo defiende que los cambios deben realizarse únicamente cuando los requieren la marcha y las características del paso. Su principal argumento es que las hermandades realizan estación de penitencia a la Catedral, no a la Campana. Como ejemplo de una forma de andar que considera especialmente meritoria, recuerda al Cristo de la Sangre de San Benito levantándose en el palquillo y entrando en Sierpes sobre los pies, sin necesidad de que el público acompañara el momento con aplausos.
Los capataces pregoneros
Para Lolo, Manolo Santiago representa precisamente lo que debe ser un capataz: alguien cuyas palabras salen de manera espontánea y del corazón, sin necesidad de llevar discursos preparados. A partir de este recuerdo, también critica a los capataces que considera «pregoneros», aquellos que convierten sus intervenciones delante de los pasos en discursos preparados y recurren a las llamadas de atención constantes para arengar a sus hombres.
«Las cosas te tienen que salir del corazón. Cuando sale del corazón todo es bonito», afirma. En contraposición a esa naturalidad, recuerda que hay capataces que llegan a la Campana con las palabras escritas y preparadas para no olvidar lo que tienen que decir.
En cuanto a los capataces, considera que dirigir una cuadrilla exige carisma, don de gentes y capacidad para resolver los problemas que puedan surgir durante el recorrido. También cree que deben conocer lo que sucede debajo del paso, incluso prestando atención a la respiración de los costaleros.
Critica a quienes permanecen constantemente agarrados al martillo mientras hablan a sus hombres y considera que el comportamiento de un capataz permite reconocer rápidamente si tiene las cualidades necesarias para desempeñar esa responsabilidad.
Los voceros
Sobre los llamados «voceros», costaleros que gritan las órdenes y los cambios desde el interior de los pasos, Lolo considera que deberían transmitirlas con más tranquilidad y sin necesidad de elevar tanto la voz. Recuerda especialmente a Bienvenido Puelles, que mandaba los cambios en San Gonzalo sin gritar.
Explica que durante los años en los que sacó el Carmen Doloroso, cuando la corporación procesionaba el Viernes de Dolores, las órdenes se transmitían de una trabajadera a otra con mucho orden y en voz baja. Si un costalero de la tercera trabajadera daba una indicación, otro compañero la repetía para que llegara hasta las filas posteriores.
También denuncia que existen cuadrillas en las que algunos costaleros llegan a tener más poder que el propio capataz. A su juicio, el responsable de la cuadrilla debe ser quien establezca el orden y haga respetar su autoridad. «Cuando tú te pones al martillo y yo me pongo debajo, yo tengo que tener claro que soy uno más y que te tengo que obedecer», explica.
Las puñalás traperas entre capataces
El ex costalero tampoco esquiva las rivalidades que, según afirma, existen en el mundo de los capataces. Asegura que en Sevilla se han producido y se siguen produciendo enfrentamientos, especialmente entre los titulares y sus segundos.
Recuerda cómo Salvador Dorado, conocido como el Penitente, respondía cuando los responsables de las hermandades le preguntaban por su segundo: era una persona que llevaba toda la vida con él y en quien confiaba plenamente. Para Lolo, aquella relación representaba la fidelidad que debería existir entre un capataz y su ayudante.
Sin embargo, considera que actualmente se producen situaciones muy diferentes. Afirma que algunos segundos llegan a ofrecerse a los candidatos que concurren a unas elecciones de hermano mayor para hacerse cargo del paso y sustituir a quien hasta entonces había sido su capataz titular.
También denuncia que algunos capataces pueden influir en los procesos electorales de las hermandades. En este sentido, asegura haber presenciado personalmente a un capataz sevillano situado junto a una casa de hermandad, con una libreta en la que marcaba con una cruz a los costaleros que acudían a votar. Incluso, según relata, llamaba a quienes todavía no habían ejercido su derecho al voto para que acudieran.
El enchufismo en las igualás
En la recta final de la entrevista, Lolo aborda el posible enchufismo en las igualás. Hermano del Gran Poder, la Paz y Santa Marta, reconoce haber vivido situaciones de este tipo en una de las corporaciones a las que pertenece, aunque evita generalizar sobre la situación actual.
Explica que, tras un cambio de capataz, algunas personas que anteriormente desempeñaban funciones auxiliares, como llevar los ciriales o el incensario, pasaron a incorporarse a la cuadrilla. Una práctica que, en su opinión, puede repercutir negativamente en el trabajo del paso.
Su postura es clara: «Hay que meter debajo de los pasos a costaleros, no hermanos. Primero costaleros y luego, si eres hermano, mucho mejor».
La anécdota bajo el misterio del Desprecio de Herodes
Para cerrar la entrevista, Lolo eligió una anécdota protagonizada por Fran Narbona durante una salida del misterio de la O. El paso avanzaba por la calle Trajano en dirección a la Carrera Oficial, mientras la banda interpretaba música y la cuadrilla caminaba al compás del tambor en el izquierdo.
En un momento del recorrido, alguien desde el interior del paso insistió en varias ocasiones en que había que coger el paso. Entonces intervino Fran Narbona con una frase que Lolo recuerda perfectamente: «A ver si nos enteramos de que la banda de música viene acompañándonos a nosotros, no nosotros acompañando a la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas».




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