La Sevilla que deja Alfredo Sánchez Monteseirín, fallecido este lunes a los 69 años, no se entiende sin dos proyectos arquitectónicos que rompieron con la imagen tradicional de la ciudad, tanto urbanística como socialmente: las Setas de la Encarnación, diseñadas por el alemán Jürgen Mayer, y la Torre Sevilla, obra del argentino César Pelli. Dos construcciones de firmas internacionales que se convirtieron en símbolos de la transformación urbana, aunque incipientemente muy rechazadas por los sevillanos, impulsada durante los doce años de mandato del socialista, entre los años 1999 y 2011.
Monteseirín apostó por una ciudad que mirara al siglo XXI, aunque sus proyectos más ambiciosos no estuvieron exentos de polémica. Las Setas y la torre de la Cartuja representan dos de las intervenciones más visibles de aquella etapa, dos apuestas que alteraron el paisaje urbano y que todavía hoy suscitan opiniones encontradas entre los sevillanos.
Las Setas, el gran icono de la Sevilla contemporánea
La obra más emblemática de aquella transformación en el corazón de Sevilla es el Metropol Parasol, conocido popularmente como las Setas. El proyecto del arquitecto alemán Jürgen Mayer convirtió la plaza de la Encarnación en uno de los espacios más singulares de la capital andaluza.
El proyecto fue adjudicado mediante un concurso internacional promovido por el Ayuntamiento y se convirtió en una de las grandes apuestas urbanísticas de Monteseirín. Su construcción estuvo marcada por retrasos, sobrecostes y un intenso debate sobre la conveniencia de levantar una estructura de estas características junto a algunos de los espacios históricos más reconocibles de Sevilla.
Las Setas se inauguraron en 2011, durante los últimos meses de su mandato. Lo que nació como una de las intervenciones más discutidas de la ciudad es hoy uno de sus principales reclamos turísticos y un punto de encuentro para sevillanos y visitantes. Su evolución resume, en buena medida, la huella de Monteseirín: la apuesta por cambiar la ciudad que generó rechazo, pero terminó incorporándose a la imagen cotidiana de Sevilla.
Pelli y la torre que cambió el horizonte de la ciudad
La otra gran firma internacional vinculada a aquella transformación es la de César Pelli, el arquitecto argentino reconocido por sus rascacielos. Su proyecto para la isla de la Cartuja dio lugar a la Torre Sevilla, conocida durante su desarrollo como Torre Pelli.
Con unos 180 metros de altura, el edificio introdujo una escala inédita en el paisaje urbano de la capital andaluza y se convirtió en el más alto de Andalucía. Su silueta curvada contrasta con el perfil histórico de Sevilla, tradicionalmente dominado por la Giralda, las iglesias y los edificios de menor altura.
La torre formó parte de una operación de transformación de la Cartuja, con usos empresariales, comerciales y espacios públicos. Aunque su impulso se remonta a la etapa de Monteseirín, las obras continuaron después de que abandonara la Alcaldía en 2011 y el edificio no se completó hasta 2017.
La propuesta también provocó controversia por su impacto visual y por el debate sobre el crecimiento vertical de una ciudad estrechamente ligada a su patrimonio histórico. Con el tiempo, la Torre Sevilla ha pasado a formar parte del horizonte contemporáneo de la capital.
Dos proyectos para una ciudad que quiso cambiar
Las Setas y la Torre Sevilla representan dos formas distintas de entender la modernización urbana. Jürgen Mayer llevó una arquitectura orgánica y vanguardista al centro histórico; César Pelli proyectó un rascacielos que modificó el perfil de la Cartuja. Ambas obras quedaron ligadas a la ambición de una Sevilla que quería ganar protagonismo en el siglo XXI.
La transformación impulsada por Monteseirín fue mucho más allá de estos dos edificios. Durante sus mandatos también se acometieron grandes peatonalizaciones, se desarrolló la red de carriles bici, se puso en marcha el tranvía y se remodeló la Alameda de Hércules. Sin embargo, las Setas y la Torre Sevilla se mantienen entre las imágenes más visibles de aquella etapa.
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